“Una minería sustentable con rostro humano”

Álvaro Merino Lacoste Gerente de Estudios de Sonami
Álvaro Merino Lacoste
Gerente de Estudios de Sonami

Vivimos la encrucijada de ver el vaso medio lleno o medio vacío en la minería. En lo personal estimo que hay que tener una dosis de optimismo, para que la situación actual por la que atraviesa la industria se convierta en una oportunidad, pues en el pasado también enfrentamos caídas de precios y salimos fortalecidos de esta coyuntura. Es por tanto buen momento para seguir trabajando por recuperar la competitividad, elevar la productividad  y avanzar con mayor fuerza hacia una minería sustentable.

Sin duda la formación de personas con alto nivel de competencias es un importante catalizador, dado que ellas son el motor de cambio y desarrollo. La gestión de personas es la que encara el desafío cotidiano de innovar en un escenario de aumento de costos y disminución de los niveles de productividad.

La minería representa el eslabón más pujante de nuestra economía y difícilmente esta crisis cambiará su rol. En las últimas décadas, atrajo inversiones, impulsó el crecimiento, abrió un amplio mercado externo y aportó relevantes recursos financieros para que el Estado desarrollase su labor. Sólo entre 2006 y 2015, la minería aportó el 14% del PIB que registró Chile, generando el 58% de las exportaciones totales del país y contribuyendo con el 18% de los ingresos fiscales.

Hoy uno de los principales desafíos que enfrenta la minería, junto con la caída en los precios de los minerales y asegurar el suministro de energía y agua a precios razonables, es la pérdida de competitividad, recurso que solo cobra relevancia si se le asigna rostro humano. Es el trabajador a lo largo de todo el ciclo productivo, quien puede convertirse en agente catalizador en esta crisis, con el objeto de hacer frente a la caída en los precios, defender los márgenes, recuperar la competitividad y elevar los niveles de productividad.

A modo de ejemplo, la minería consume un 5% del agua fresca que demanda el país. No obstante, el sector minero entre el año 2000 y el 2014, ha disminuido en un 52% el consumo de este recurso por tonelada de mineral tratado en los procesos de concentración y en un 73% en el caso de los procesos hidrometalúrgicos. Un noble esfuerzo “humano” de alto impacto nacional que nos impulsa a innovar, optimizar procesos y buscar nuevas fuentes de suministro como el agua de mar.

En el 2015, el empleo directo en el sector minero alcanzó a 226.000 trabajadores. La minería moderna se caracteriza por el trabajo en equipos multidisciplinarios que incluye: ingenieros, geólogos, médicos, abogados, antropólogos, biólogos, periodistas, técnicos especializados, operadores de equipos, operadores de plantas, entre otros. Y todos agentes de cambio en esta crisis.

Claramente no podemos cubrir el sol con un dedo. Asumimos el impacto de la caída en los precios de los minerales, la desaceleración de la economía mundial y particularmente de China como principal consumidor de metales. La disminución en la cotización de los metales ha afectado significativamente a las empresas mineras de todos los tamaños, disminuyendo sus ingresos, reduciendo márgenes, generando menor producción, paralizando y postergando la inversión, recortando el empleo y moderando las expectativas de los accionistas. Sin embargo, este es el mejor contexto para generar cambios, innovar,  introducir nuevas tecnologías y elevar el nivel de competencias de las personas que tendrán como misión reactivar la dinámica minera en los próximos años.

Post Author: Fabiola Garcia Sanders