Productividad en la construcción de proyectos mineros

“No se está poniendo ni la obra, ni el país delante, sino que los intereses de cada sector y no se avanza en la discusión”

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Representantes de contratistas, proveedores y del mundo sindical se reunieron  a discutir en torno a los desafíos que  genera la productividad en un año particularmente complejo para el sector. La desconfianza entre todos los actores sería, a su juicio, una de las principales barreras para avanzar. Y es que, en el ambiente, se reforzaría una particular caricatura: “Cuando hablas de productividad en el mundo el trabajo, significa que la empresa te quiere explotar. Y cuando por el lado empresarial la productividad no es buena, es porque el trabajador es flojo. No hay diálogo”, señalan.   

Alejandro Pavez V.
Periodista Construcción Minera.

A lo largo de los diversos números de Revista Construcción Minera el tema de la productividad ha sido un eje fundamental en el desarrollo de cada uno de sus contenidos. Y es que se entiende que esta temática cobra un relevante lugar en el desarrollo de proyectos relacionados con la minería, particularmente en el contexto que hoy vive la industria, donde, junto con  la competitividad, resulta clave para el éxito y el mantenimiento del negocio.

Es en este contexto que nuevamente se ha congregado a una mesa redonda para discutir los desafíos que hoy genera la productividad. Claro, porque frente a la ejecución de diversas estrategias que buscan potenciar este ámbito, entre ellas el Manual de Buenas Prácticas ejecutado por el Consejo Minero, la Cámara Chilena de la Construcción y la Corporación de Desarrollo Tecnológico, aún quedarían temas pendientes por resolver. Entendiendo, claro está, que el actual escenario económico que vive el país y en particular la industria, continuará por un buen tiempo más.

A la invitación realizada por Revista Construcción Minera, se congregaron representantes de las principales empresas contratistas de la minería, de la Asociación de Proveedores Industriales de la Minería, Aprimin y de los trabajadores, a través del Sindicato Interempresa Nacional de Montaje Industrial, Obras Civiles y Actividades Anexas, SINAMI.

Si bien un argumento coincidente fue que, en el último tiempo, se han notado pequeños avances en la materia, aun faltaría por avanzar. Sin embargo, más allá de tener una mirada pesimista de la situación, este contexto es abordado como una oportunidad para generar iniciativas que, efectivamente, congreguen a todos los actores relacionados en el desarrollo de un proyecto para que la productividad, de una vez, cale profundamente en el sector y se transforme en el principal polo de desarrollo de la industria. Por lo menos esa es la intención. Hacía allá apuntan los esfuerzos. No obstante, indican en la mesa, mientras no se superen las desconfianzas entre todos los involucrados, será difícil avanzar en estos temas y los logros alcanzados hasta ahora, no quedarían más que en iniciativas aisladas.

Finalmente, para disfrutar de sus frutos, el tema de la productividad representa un bien intrínseco que debe penetrar profundamente en la cultura y, por ende, en toda la cadena de valor de la industria. La mirada a futuro, parece acá fundamental. Habría que dejar de lado, eso sí, intereses particulares y efectivamente trabajar en conjunto. Esa sería la llave para el cambio, coincidieron. Se deben asumir, primero, las responsabilidades de cada uno. Mandantes, contratistas, proveedores y trabajadores, han de poner sus intereses en común y, luego ponerse a trabajar. Y es que hoy, por más que se converse y se reflexione sobre este problema, “no se está poniendo ni la obra, ni el país delante, sino que los intereses de cada sector y no se avanza en la discusión”, concordaron.

Superar la desconfianza, mejorar la comunicación e involucrar a todos los actores, representan las principales tareas por resolver para que la productividad tome el sitial que requiere en el desarrollo de la industria. Desafíos, a todas luces alcanzables, pero que, a ciencia cierta, necesitarían de la voluntad de todos y atacar, paso a paso, cada una de las materias relacionadas con ellos. Sólo así, afirmaron en la mesa, se podrá salir adelante.

Conceptos

Frente a la pregunta sobre qué se comprende por productividad, hubo coincidencia en entenderla como la forma de hacer mejor las cosas, en un tiempo determinado, que permita evitar la generación de sobre costos por dicha acción. Esto en términos simples, claro está, dado que el concepto es mucho más complejo que ello.

Frente a esta discusión la pregunta obvia es ¿por qué conviene la productividad? Cristian Brinck, gerente general Ingeniería y Construcción de Sigdo Koppers S.A, indicó que es un tema que conviene a todos. “Conviene al propietario de la obra porque contribuye a viabilizar los proyectos de inversión que implican la construcción de nuevas instalaciones. Conviene al contratista porque va a poder sacar mejor partido a sus recursos financieros, de equipo y de mano de obra. Y conviene también a nuestros trabajadores, siempre y cuando, participen de los beneficios, a través de un programa de incentivos en función de la mejora en productividad, también se beneficia al trabajador y debería ser una cuestión en que todos estemos dispuestos a empujar para el mismo lado” señaló.

¿Cuál es, desde ahí, el rol que tiene el trabajador en el desarrollo de la productividad? Para Miguel González, director del SINAMI, el papel es activo y fundamental, siempre y cuando efectivamente el trabajador comprenda y esté completamente involucrado en el tema y comprenda que también puede obtener beneficios de ella. No como hoy, porque, a título personal, cree que el sindicalismo ha perdido espacio en el quehacer nacional y no opina profundamente sobre estas temáticas, “no es un actor importante. El trabajador está ausente de la realidad del país”, indicó.

Esto explicaría, a su juicio, la existencia de una dispersión de opiniones al respecto, puesto que, de acuerdo a lo que le ha tocado ver y escuchar, la relación caricaturizada entre el trabajador y empleador en cuanto a la productividad, estaría muy enraizada en ambos extremos y, mientras eso no se solucione, sería difícil avanzar. “Cuando hablas de productividad en el mundo el trabajo, significa que la empresa te quiere explotar. Y cuando por el lado empresarial la productividad no es buena, es porque el trabajador es flojo. No hay diálogo”, advirtió el dirigente.

A lo anterior, agregó que más allá de esta dicotomía, hay temas que son fundamentales para fortalecer la relación y apuntar a mejorar la productividad y que no se han abordado. “Cuando hablamos de productividad, no abordamos los factores que inciden en el trabajador, hablamos de los mismos temas que se han desarrollado durante toda la vida y no se ataca el fondo”, agregó. Y ese fondo, más allá de la capacitación que, según dijo, es la única acción que toman las empresas, tiene que ver con la calificación de competencias. “Cuando hay grandes proyectos, en pleno empleo, a las faenas subimos carne no más. No subimos trabajadores especializados, porque no tenemos un control. Si hablamos de productividad y el que contrata a la gente, contrata cualquier persona, sin saber sus competencias, obviamente no vamos a tener productividad. Y, obviamente, nos vamos a encontrar que el trabajador es flojo. Hay dos cosas fundamentales, la certificación de la mano de obra y las condiciones, que hoy le podemos entregar para que ese trabajador efectivamente esté en las condiciones de poder cumplir y nosotros de poder exigir”, expresó.

Para Eduardo Guzmán, gerente general de Vial y Vives-DSD, el tema es complejo y tiene muchas aristas. Sin embargo, se hizo cargo de algunas. “Yo no creo que esto se esté pensando desde la empresa o desde el grupo de trabajadores de manera tan antagónica. Todos  creemos, desde los trabajadores, hasta la empresas, que hay cosas por resolver en conjunto. No creo que los trabajadores vean necesariamente una explotación cuando se plantea esto. Los grupos organizados, que pueden en una faena, salir adelante con un producto con más esfuerzos, deberían ser reconocidos y hoy tenemos serias trabas para que eso sea así. La tendencia es que se reconozca el esfuerzo del trabajo en forma uniforme y eso, es perjudicial frente a un tema como este”, indicó.

Miguel González, a título personal, añadió que “no es bueno tener sueldos parejos para todo el mundo, porque la habilidades, las destrezas, el esfuerzo son distintos. Desde mi punto de vista no habría inconveniente y creo que es necesario que haya un sistema que te permita eso. El trabajador que no estudia, que no se capacita, que no hace el esfuerzo por ser mejor, obviamente no puede tener la misma remuneración o beneficios que el que si la hace”.

Más allá de eso, para Guzmán, el problema también radica en la deficiencia que existe en la coordinación de los diversos estamentos en una obra particular. “De lado de la empresa no se ve que los trabajadores necesariamente sean flojos. Acá hay una cosa bien compleja. A mí me salta una preocupación mayor, tanto que la ejecución de los proyectos, desde los mandantes, pasando por los contratistas y por la supervisión, no consigue una buena planificación como para que el resultado sea el adecuado. Hay mucha información que no fluye; por lo tanto, no se transparenta y se pierden horas de trabajo en esa tramitación y no se consigue alinear las partes involucradas”, agregó.

Por último, una responsabilidad latente en temas de productividad y demoras en la etapa previa de los proyectos recaería en los mandantes. “Yo veo que en productividad, en los últimos 15 años, no conseguimos mejorar en los rendimientos de los proyectos, por miles de razones, entre otras, la participación que tienen los mandantes en cuanto a normas, exigencias, regulaciones y demás, que no están pensadas adecuadamente para atender este otro factor. Más bien están sesgadas, hacia una preocupación ciega y restrictiva hacia temas de administración, de seguridad, de cumplimiento. Temas burocráticos y eso debe ser balanceado. Actualmente, en los proyectos hay una tremenda perdida de horas por esta desorganización que yo creo que se puede discutir”, apuntó el ejecutivo.

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Responsabilidades

Para analizar esto con éxito el tema de la productividad, una de las propuestas que surgió de la mesa fue dividir y atribuir  las distintas causas que la provocan. En primer lugar, identificar aquellas razones atribuibles a los mandantes y que estarían ampliamente tratadas en el Manual de Buenas Prácticas, como el  tiempo de acreditación, por ejemplo y que corresponderían a decisiones del mandante. En segundo lugar, estarían las causas atribuibles al contratista, relacionadas con contar con las condiciones adecuadas, el equipamiento y los implementos de seguridad necesarios, las instrucciones, la supervisión competente y una óptima organización de la empresa. Finalmente, las responsabilidades imputables a los trabajadores, se relacionan con que tenga resuelto sus problemas de estructura, posea los planos, las instrucciones, el equipo, las herramientas, etcétera. “Para mí hay tres cosas para que un trabajador, desde su punto de vista, trabaje bien y eficiente: Tiene que saber hacer la pega; Debe tener los medios para hacerla y debe tener las ganas. Cualquiera de estos tres elementos que falte, falla la productividad. Saber la pega, se relaciona con la certificación; tener los medios, con estar adecuadamente dotado de la información, las herramientas y todo lo que conlleva el proyecto. En tener ganas, tenemos una suerte de caricatura de empresario explotador y trabajador flojo que tenemos que romper porque no puede ser así. Y ¿cómo lo podemos hacer? Haciéndolo participar del aumento de la productividad”, ilustró Cristian Brinck.

Desde la Aprimin, este tema arrastra un largo periodo de análisis y diagnósticos que hoy han decantado en una iniciativa legal que cuenta con la aceptación de varias mineras, pero que ha costado ejecutar.  “Sacamos una ley, a las que se han sumado algunas mineras,  que establece la homologación de algunos papeles para acreditación, que es un tema que afecta a todos los actores. De tal forma que la acreditación de un trabajador sirva por un tiempo determinado en varias mineras, solucionando, en parte, el problema de lo que es la productividad total”, comentó Iván Castillo, gerente de Negocios Mantenciones y Servicios de Salfa S.A y miembro del Comité de Productividad de Aprimin.

“Estamos acercándonos a los mineros, dándole una mirada de futuro a la productividad. Evitando que no nos ocurra que venga un ciclo alto y nos baje la productividad, porque ahora está subiendo, pero es a raíz de estos aprietes, no porque hayamos sido mejores y más eficientes. Entonces, la idea es mirar a futuro y cuando haya crecimiento, venga asociado a un crecimiento de productividad. Lo que queremos lograr es que, a futuro, cuando venga el alza, que la productividad también crezca y para eso Aprimin lo que puede entregar es la coordinación de todos los proveedores socios para que, de cierta forma, se mire el negocio como un todo y no particularmente”, complementó.

Relaciones

Los diversos análisis que se han desarrollado en torno a la productividad decantan, al final, en la relación que se establece entre el mandante, el contratista y los trabajadores. Está ampliamente estudiado que una sana y adecuada relación entre estos tres actores, aseguraría la óptima ejecución de los proyectos y fomentaría la productividad como un valor fundante de esta relación. Sin embargo, en la práctica, esta pareciera estar cargada de desconfianzas e intereses propios que atentarían a una correcta planificación y comunicación entre las partes.

Si bien, como se apreció más arriba, las responsabilidades son compartidas, un gran problema tiene que ver en cómo se planifican los proyectos. Para Cristian Brinck, esta situación no permitiría, “programar eficazmente las obras, porque funcionan sobre la base de un proyecto comprimido donde las actividades se superponen unas con otras.  Los planos,   y los suministros, no siguen a los programas de construcción, etcétera. Ahí hay un enorme efecto que no está resulto. Todavía se deja seducir el cliente por un plazo hipotéticamente corto, pero a la larga la realidad se impone”.

Desde la perspectiva del trabajador y el movimiento sindical, el desafío es “ganarse la confianza del mandante, lamentablemente hoy se ha ido perdiendo un poco. Y yo creo que eso le hace mal a la industria. Debemos lograr un sindicalismo consciente que le interese que el trabajador tenga trabajo, que la minera siga y no por un simple bono, terminar la relación”, comentó Miguel González.

Lo importante en este punto, tiene que ver con cumplir con los acuerdos y generar confianza. “Lo que hay que conseguir es el respaldo del sindicato esté en esta línea, porque parte de las desconfianzas son que hablamos con un dirigente y luego nos encontramos con otro que opina absolutamente lo contrario. Definamos las cosas que nos atañen a nosotros y aboquemos a mejorar en esa zona algo concreto y, una vez lo resolvamos, vamos sobre otro, porque de lo contrario vamos pellizcar ideas, que hay miles y hay que atenderlas a todas al final de día, pero hay que organizarlos para hacerlas”, puntualizó Eduardo Guzmán.

Otro punto fundamental en este tema, tiene que ver con el rol y la participación del Estado, como un actor clave en estas relaciones. “El gobierno ha sido muy débil. Cuando conversas de esto con ellos, da la casualidad de que todos te encuentran la razón, pero no se hace nada.  El tema va en cómo y dónde ponemos el foco. Hay que crear una cultura de productividad, deben estar todos. Porque, por ejemplo, me ha tocado escuchar a parlamentarios  que no saben lo que es la productividad. Algunos dicen ‘oye por qué le dan más a la productividad, para atacar más a los viejos’ y eso no puede ser así”, agregó el dirigente del SINAMI.

Esta situación arrastraría temas tan relevantes, al juicio de la mesa, como lo son las jornadas laborales. Situación en que el Estado tiene mucho que decir, según Manuel José Navarro, Presidente del Comité Editorial de Revista Construcción Minera. “Hay desconfianza, pero también hay una intervención del padre, del Estado, porque la Inspección del Trabajo, se le solicita una jornada y te devuelve una jornada parecida a la que tu solicitaste, pero imponen los horarios y si te sales de eso, te pone una multa. Pero no considera, por ejemplo, que hay cambios de horario, que oscurece o amanece más temprano”, señaló.

Las jornadas laborales, serían un importante punto crítico puesto que, del lado de los contratistas, la jornada 14×14, por ejemplo, se percibiría como una imposición  que vendría a saldar “una pretensión de los sindicatos”, advierte Eduardo Guzmán; sin embargo, para Miguel González no es un tema cerrado y, a título personal, estaría dispuesto a revisar esta situación y, por ejemplo, apostar a una jornada 14×7. “Eso incluso es difícil para mí, porque muchas de mi opiniones son incluso contrarias a las del sindicato. Yo creo que todas las cosas toman su nivel y pienso más en el beneficio de la gente (…) Hay cosas en que podemos ponernos de acuerdo y forzar los cambios”, indicó.

En definitiva, planteó Guzmán, las diferencias y puntos críticos en torno a la productividad se producirían porque “no se está poniendo ni la obra, ni el país delante, sino que los intereses de cada sector y no se avanza en la discusión”.

Desafíos

Sin lugar a dudas, y aunque sea lugar común expresarlo, la productividad tiene una serie de aristas que serían complejas de abordar en un solo artículo. Es por ello que durante todo este tiempo ha sido un eje fundante en los contenidos de Revista Construcción Minera. Sin embargo, hay una certeza clara. El fortalecimiento de la productividad es el camino para hacer más competitiva a la industria y entregar caminos de desarrollo y crecimiento, particularmente hoy, cuando es tan necesario.

Desde ahí, los integrantes de esta mesa de discusión plantean algunos desafíos que apuntan a colaborar en el generar este crecimiento. Por el lado de los contratistas, Cristian Brinck, indicó que “tenemos que vigilar que estén las tres condiciones ya mencionadas: tener gente calificada a través de un proceso de certificación u otro; que tenga los medios para hacer la pega, dotarlo de los elementos materiales, planos y hacer que participen en el resultado del incremento de la productividad a través de incentivos que la premien”. Por su parte para Eduardo Guzmán, los avances y desafíos en su experiencia tienen que ver con “la anticipación para tener un proyecto planificado. Para que las cosas caminen deben estar anticipadamente organizadas, previstas, resueltas. En la empresa se está reforzando eso, organizar de manera que la anticipación sea la forma de evitar las pérdidas innecesarias”.

Para los proveedores de la industria, la gran meta es “lograr una mayor comunicación con nuestros mandantes de manera que podamos, con nuestra tecnología, aportar a la productividad. A veces hay tecnologías de otros rubros que funcionan bien en minería. Resolver problemas latentes que nadie conversaba. Es el camino que debe seguir el Aprimin”, comentó Iván Castillo.

El mundo sindical, tiene mucho que decir en este tema y para Miguel González su gran desafío es “ser un aporte. Hoy el sindicato, sin dejar de hacer lo que tiene que hacer, debe ser más profesional, porque para tener opinión hay que leer, estudiar y conocer. Ese es el desafío, para que sea tomado en cuenta. Hoy sus organizaciones tienen poca incidencia pero cuando se involucran andan más rápido y los resultados son mejores”, concluyó.

En síntesis, finalizó Manuel José Navarro, “ha quedado demostrado que no tenemos comunicación entre los actores y que eso es fundamental. Todos hemos aprendido cosas nuevas, pero esto hay que tratar de extenderlo, de alguna manera hay que involucrarse más en este tema. Debemos tener una visión de país, pues si cada uno se pone a defender su parcela, no avanzaremos”, puntualizó.

Post Author: Fabiola Garcia Sanders