Álvaro García: “Para levantar la inversión se requiere de un esfuerzo coordinado, no hay ningún actor que pueda hacer la tarea por sí solo”

Álvaro García, Presidente Ejecutivo Alianza Valor Minero

Superar el momento que vive la industria requeriría dejar atrás las desconfianzas y proponerse un camino que apunte al desarrollo. El desafío estaría, a juicio del ejecutivo, en generar las condiciones internas para atraer la inversión, más allá de la contingencia de los precios que tendería a mejorar. “Debemos crear un escenario nacional que haga atractiva la inversión”, indicó.

Alejandro Pavez V.
Periodista Construcción Minera & Energía

La industria minera, particularmente la del cobre, no vive un buen pasar. Lo sabemos. Y si bien en las últimas semanas se ha vislumbrado algunas mejoras, un cierto “veranito de San Juan”, todo indicaría que los próximos no serán años fáciles. ¿Cómo hacer frente a esta situación? Pues, tal como se ha visto a lo largo de estas ediciones de Construcción Minera & Energía, el camino más óptimo tiene que ver con mejorar los procesos y hacerlos mucho más eficientes. En definitiva, ser más productivos.

Revitalizar la inversión, especialmente aquella relacionada con los grandes proyectos, depende de la acción, diálogo y coordinación de todos los actores relacionados con la industria. Desde el Estado, pasando por las empresas, sus trabajadores y la sociedad civil. Una cadena de trabajo que debe apuntar al desarrollo del sector y a proyectar qué Chile se quiere para el futuro. En eso está justamente la Alianza Valor Minero, una institución público privada que busca representar la pluralidad de intereses que conviven en el sector y cuyo objetivo es coordinar y asegurar el cumplimiento de la Agenda Estratégica “Minería: una plataforma de Futuro para Chile”, junto con habilitar el desarrollo de la minería desde la perspectiva social, construyendo consensos entre todos los actores y la confianza que permita la sostenibilidad de esos acuerdos. Álvaro García, su Presidente Ejecutivo, conversó con Revista Construcción Minera & Energía, para analizar el presente de la industria y cómo se vislumbran los próximos años. “Hay una mirada desafiante”, indicó.

Si bien la minería estaría pasando por un momento complejo, gracias al ciclo de precios que está viviendo, se espera que en un poco más de dos años el precio tienda a subir y a hacer rentables las inversiones proyectadas. “Chile tiene un tercio de las reservas mundiales de cobre conocidas, los proyectos que se derivan de esas reservas son muy competitivos a nivel internacional; por lo tanto, mi impresión es que existen las condiciones para que la industria minera vuelva a crecer, mantenga el peso relativo que tiene a nivel mundial, lo que implicaría expansiones en la producción bastantes significativas. El desafío está en cómo aprovechamos esta coyuntura de los precios para crear las condiciones para que la inversión vuelva a ocurrir cuando los precios lo justifiquen. Esto desde la perspectiva de la producción minera”, sostuvo García.

A su juicio, ¿de qué depende  que surjan las condiciones para revitalizar la inversión?

Se requiere de un esfuerzo coordinado colaborativo, no hay ningún actor que pueda hacer la tarea por sí solo. Cada uno tiene cosas que hacer de manera individual, por ejemplo, el Estado puede reducir los tiempos de trámites de los proyectos que son tremendamente largos y onerosos para las empresas. Sin embargo, los grandes desafíos que tiene el sector, como aumentar la productividad, involucra a muchos actores y  quizás lo más significativo en la plana ejecutiva y en la plana laboral de las empresas. Los primeros resultados que tenemos del estudio que hizo el Consejo Nacional de la Productividad sobre el sector minero indican que el principal rezago competitivo de Chile está en la organización de los procesos de trabajo. Modificar eso, requiere del concurso de todas las partes que trabajan en la empresa, por lo tanto, fortalecer el diálogo al interior de la compañía para mejorar la productividad es una condición indispensable. Lo mismo ocurre con el requerimiento de innovar para enfrentar la caída en leyes que Chile inevitablemente ha enfrentado y va a seguir enfrentando.

¿De qué forma?

Nuevamente la innovación requiere del concurso de varios actores del trabajo colaborativo entre las diversas empresas mineras; de ellas con sus proveedores y con el mundo científico y académico que genera investigación aplicada. Este es un desafío muy grande para un país como el nuestro que se caracteriza por la desconfianza, por la falta del trabajo colaborativo entre actores y es por eso que no nos ha ido bien en el pasado. Además del esfuerzo de inversión que debemos hacer, Chile, es por lejos el país con más baja inversión en innovación en la OCDE. Estamos a 1/5 de los niveles de los países más avanzados y, particularmente bajo, en la innovación del sector privado. Si en los países que hacen bien las cosas el sector privado aporta entre en 60% y 70 % de los recursos de innovación, en Chile no alcanza el 30% , y un 30% de un porcentaje mucho menor que hacen los países desarrollados.

¿El diálogo surge, entonces, como una de las principales herramientas para el desarrollo?

Claro, dialogar y encontrarse, esa es nuestra razón de ser como Alianza Valor Minero. Aquí concurren el sector empresarial, el sector sindical, las organizaciones de la sociedad civil, es un diálogo que ya está ocurriendo y que ha conducido a resultados en el sentido de ponernos de acuerdo hacia dónde queremos ir, qué es lo que hay que hacer para llegar allá, lo estamos haciendo. Todo esto de manera colaborativa, hemos encontrado una muy positiva reacción de los actores y, si bien es cierto, esto no es una práctica tradicional en Chile, creo que el terreno está bien abonado para que ahora si ocurra. Nuestro primer esfuerzo fue más bien de carácter nacional, restringido a los grupos más relevantes del país. El desafío que tenemos ahora es llevar este diálogo a los territorios donde ocurre la minería. Es algo nuevo, pero estoy optimista porque he visto el compromiso de los actores con este proceso.

Sin embargo, muchas veces no se logra el diálogo y, por ejemplo en el desarrollo de proyectos, se generan controversias…

Si por supuesto, y hay que fortalecer para que no ocurra eso, aunque se refiera más bien una relación contractual entre dos tipos de empresas y no es el tipo de diálogo que estamos hablando. Pero reconozco que es un problema que existe y que creo que requiere de un mecanismo de resolución de controversias que hoy no existe. Yo sé que la CChC está involucrada en un esfuerzo en esa línea y me parece muy bien. Nosotros hemos trabajado en la misma dirección, no referido a los contratos, sino que a los conflictos socioambientales que también son un fuerte impedimento para la inversión.

INVERSIÓN

Frente a lo que hoy se vive, ¿cómo se vislumbra el desarrollo de nuevos proyectos?

Hoy el panorama es muy poco alentador, la cartera de proyectos de inversión ha caído muy significativamente, pero tengo la esperanza de que ello se deba al ciclo de precio que estamos viviendo. Las estimaciones que conocemos indican que para el año 2018 o 2019, va a haber una escasez de oferta y, por lo tanto, un alza en los precios y un estímulo para que se reincorporen proyectos de inversión. Ahora bien, con esto, va a haber muchos países del mundo compitiendo por esas inversiones, por lo tanto, la tarea que debemos hacer es crear las condiciones para que cuando llegue ese momento, Chile compita bien con el resto de los países del mundo.

¿Qué hacer para ser más competitivo?

Sabemos que las reservas que tiene Chile son competitivas, por lo tanto, debemos crear un escenario nacional que haga atractiva la inversión y eso significa mejorar las relaciones que hay entre los actores, reducir los tiempos de trámite de los proyectos, sin poner en peligro las condiciones que esos proyectos deben cumplir y ver cómo resolver grandes problemas que la minería del futuro tiene. Por ejemplo, el 50% de las reservas conocidas de cobre de Chile están en la Zona Central – entre la IV y VI Región – y eso le plantea un desafío a la minería gigantesco, pero si no llevamos a cabo esos proyectos, la mitad de la minería chilena se viene al suelo.

¿Cómo se podrían reducir los tiempos de trámites?

Por una parte están los trámites públicos, donde se habla mucho de los tiempos de trámite del Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental, pero no son los más lentos. Hay otros trámites vinculados con permisos de obras, que son aún más lentos y en esa materia existe una muy positiva experiencia a nivel mundial, que se relaciona con la consideración especial que merecen los grandes proyectos de inversión que, por su magnitud, son mucho más complejos, por lo tanto, sus tiempos de trámites son mucho mayores. En Australia, en Suiza, en Canadá, se han creado oficinas de trámites para los grandes proyectos de inversión. Eso es lo que nosotros estamos impulsando que ocurra también en Chile, y la experiencia de esos países es que estas oficinas contribuyeron a reducir a la mitad los tiempos de trámites de los grandes proyectos de inversión. Los grandes proyectos de inversión son casi la totalidad de la inversión en Chile, entonces cuando atendemos a esos pocos, pero grandes proyectos, estamos resolviendo buena parte del problema de inversión.

Respecto de lo anterior, ¿cómo se relacionaría esta reducción con aquellos trámites que abordan los asuntos socioambientales?

Una segunda dimensión son los conflictos socioambientales con las comunidades que operan alrededor de la minería. Lo primero que debemos tener cuidado es que la reducción de los tiempos de espera, no signifique se alivianen las condiciones que se le exigen a los proyectos. Porque eso estimularía mayor conflictividad socioambiental.  Lo que estamos implementando desde Valor Minero es un proceso de diálogo permanente entre la empresa y su entorno, que no nace en el momento que lo exige la ley de medioambiente, con la consulta ambiental o la consulta indígena, sino que mucho antes y no se acaba cuando se aprueba el proyecto ambiental, sino que permanece. Un diálogo constante, en condiciones de igualdad y de información transparente, ha probado ser una buena receta en Chile y en el mundo. Y lo que estamos empeñados a hacer, de acuerdo con las empresas, es implementar ese procedimiento.

¿Y efectivamente la están haciendo parte de sus valores?

Nosotros durante el año pasado convenimos con todas las empresas y también con organizaciones sociales y ambientalistas, cómo llevar adelante este proceso y hoy lo estamos ejecutando con la buena voluntad y compromiso de las empresas.

Finalmente, a modo de síntesis, ¿cuáles serían los escenarios que le esperan a la industria?

Hoy en minería del cobre, Chile está produciendo 5,7 millones de toneladas. El país está en condiciones de producir entre 8 y 8,5 toneladas con las reservas que se conocen. O sea podría crecer un 35% la producción. En cambio, si no se llevan adelante los proyectos de inversión que están en cartera, la producción minera caería a 4 millones de toneladas. O sea, se reduciría aproximadamente en un 25% y esa es la disyuntiva que tenemos. Un país de 4 millones de toneladas o un país de 8,5 millones de toneladas. La diferencia es casi del tamaño de la minería chilena actual. Por lo tanto, lo que está en juego es la contribución que hoy hace la minería chile. Es una enorme apuesta lo que tenemos por delante y básicamente depende de que se recuperen los precios del cobre, pero en eso no hay muchas dudas de  que va a ocurrir, como tampoco hay dudas de que no va a llegar a los niveles que tuvimos en el pasado, pero sí van a justificar los proyectos de inversión. Por lo tanto, el desafío es que nosotros generemos las condiciones internas para atraer esa inversión a Chile.

¿Hay una mirada más alentadora a  futuro?

Yo diría desafiante, porque los dos escenarios son probables. Un escenario muy positivo para Chile y otro muy dramático.

Alvaro García - Revista cOnstrucción Minera M°21

Post Author: Fabiola Garcia Sanders