Necesidad de un cambio de paradigma para aumentar la productividad en tiempos de la Cuarta Revolución Industrial

Marcela Radovic C. Radovic&Asociados Abogados
Marcela Radovic C. Radovic&Asociados Abogados

En enero de este año, se llevó a cabo la versión número 46 del Foro Económico Mundial, que reunió a dos mil quinientos líderes para reflexionar sobre el desarrollo de las economías mundiales, a la luz de las tensiones internacionales generadas por la desaceleración de la economía china, la caída del precio del petróleo, el cambio climático, los movimientos migratorios y experiencias en materia de sustentabilidad.

En la tradicional rueda de prensa de este evento, el fundador del World Economic Forum – WEF, Klaus Schwab, ingeniero y economista alemán, presentó su libro titulado “La Cuarta Revolución Industrial” que describe un panorama bastante amenazante acerca de la situación económica internacional y los desafíos venideros. [1]

Este nuevo capítulo de transformación social, cuya primera etapa de desarrollo se estaría produciendo dede el año 2015, ha sido caracterizado por distintos actores como un proceso que conmoverá los cimientos de los sistemas empresariales, en el que trabajarán conjuntamente  personas talentosas con maquinas inteligentes y en cuyo contexto surgirán cada vez más audaces e innovadores modelos operativos y de negocios, como UBER y AirBNB, por ejemplo.

En el Informe desarrollado por el WEF en enero de 2016, “The Future of Jobs” [2] se analizan las opiniones de 350 ejecutivos de empresas pertenecientes a diversas industrias en los 15 países de mayor desarrollo económico y se identifican las 5 tendencias tecnológicas características de la Cuarta Revolución Industrial:

– Internet móvil y tecnologías en la nube (34%).
– Avances en la capacidad de procesamiento, y Big Data (26%).
– Nuevas tecnologías y fuentes de energía (22%).
– El Internet de las Cosas (14%).
– Auge de la economía colaborativa y del compartir (12%).

Si bien los expertos afirman que esta revolución permitirá una mayor interconexión entre las empresas de los distintos países y también nuevas oportunidades para alcanzar mayores beneficios del orden económico, político y social, también destacan que este fenómeno podría provocar graves impactos negativos si se olvidan ciertas capacidades humanas, tales como la cooperación, la creatividad y la empatía con el otro, todas ellas esenciales para lograr el bien común.

El fenómeno de la Cuarta Revolución Industrial augurado es solo una muestra de que la realidad económica y social del mundo ha cambiado y de que seguirá transformándose de manera cada vez más vertiginosa.

La industria de la construcción no ha sido nunca ajena a los vaivenes y cambios de la economñia mundial y nacional y de hecho, históricamente es uno de los primeros sectores que se ven afectados por este tipo de fenómenos.

Lo anterior, se ha traducido en un aumento en los niveles de conflictividad en este sector de la economía, que queda reflejado en un estudio sobre divergencias contractuales en empresas socias de la Cámara Chilena de la Construcción que señala que un 33% de 1.072 contratos de infraestructura celebrados entre 2012 y 2014 generaron discrepancias entre contratista y mandante durante su ejecución.

Como en un círculo vicioso, esta mayor complejidad y niveles de conflictividad han afectado gravemente la productividad del sector de la construcción y ello, a su vez, ha empujado a muchas empresas a reducir desesperadamente sus costos, a través de medidas, tales como la disminución de mano de obra, ajustes de precios y el endurecimiento de los esquemas contractuales con los contratistas y proveedores, especialmente en el sector minero.

Miradas en perspectiva, las medidas adoptadas, más que aliviar los pobres resultados en la productividad del sector, parecen estar empobreciendo aún más las relaciones comerciales entre las empresas y, por ende, la generación de nuevos contratos y vínculos de largo plazo.

Todo parece indicar que para poder mejorar los resultados económicos de los proyectos, hoy se hace necesario que los ejecutivos que toman las decisiones estratégicas en las empresas, encuentren e implementen cambios radicales y de fondo en la forma de organizar el trabajo al interior de las mismas,  con sus contratistas y subcontratistas y con la comunidad en general. En efecto, el conocimiento y los métodos tradicionales, basados en la racionalidad pura, han demostrado ser estériles en la obtención de mejores resultados en el ambiente actual.

Lo antes dicho, supone un cambio de paradigma que implica tomar conciencia de que el trabajo en colaboración y en redes es hoy esencial para el logro de mejores resultados económicos y supone la existencia de relaciones basadas en la confianza mutua que le permite a los involucrados trabajar con otros diferentes a ellos y valorar esas diferencias en pos de la obtención de objetivos comunes.

Lo anterior se confirma, al constatar que, actualmente, son los equipos que tienen alta sintonía y sensibilidad mutua los que están obteniendo los mejores resultados, porque es en este tipo de organizaciones donde las ideas fluyen y prosperan, las personas no se estancan, ni derrochan energía en conflictos estériles que solo destruyen las redes existentes, como ocurre actualmente en la gestión de muchos de los proyectos de construcción en Chile y el mundo.

Una mirada más holística de los proyectos nos permitirá incidir en aquellos aspectos que hoy se nos escapan de las manos. Sin importar cuántas asesorías y cuán caras o especializadas sean éstas, si no empezamos a mirar los negocios y los contratos como vínculos entre personas, los resultados seguirán empeorando y los números seguirán cayendo.

La realidad actual nos está demandando humanizar los negocios y con esto no quiero proponer nada filantrópico, sino algo muy concreto y de cara a los resultados: asumamos que los contratos y los vínculos en general, sean estos de baja monta o de muchos millones de dólares, siempre al final son gestionados por personas y por tanto, el factor humano es clave si queremos obtener mayores niveles de productividad y lograr los objetivos económicos planteados al inicio de los mismos.

[1] Cuatro son las etapas de la evolución industrial hasta nuestros días: la Primera Revolución Industrial, dada por el uso del vapor como insumo y la proliferación de equipos mecánicos para la producción; la Segunda, caracterizada por el uso de la electricidad y el auge del motor de combustión interna; la Tercera Revolución, en la que surgen y se expanden los aparatos electrónicos y las tecnologías de la información, y finalmente la Cuarta Revolución Industrial, en la que se crean las redes neuronales, la robótica y las aplicaciones de inteligencia artificial.

[2] Word Economic Forum.,“The Future of Jobs”. [En línea]
< http://www3.weforum.org/docs/WEF_Future_of_Jobs.pdf > Consultado en 25 de mayo 2016.

Post Author: Fabiola Garcia Sanders