Minería y Energía

Álvaro Merino Lacoste Gerente de Estudios de Sonami
Álvaro Merino Lacoste
Gerente de Estudios de Sonami

 Recientemente, la Comisión Chilena del Cobre (Cochilco), presentó un estudio sobre “Proyección del Consumo de Energía de la Minería del Cobre al año 2025”, publicación que contiene información muy valiosa para la industria minera, como por ejemplo, coeficientes unitarios de consumo por procesos, consumo esperado de energía, tanto en el Sistema Interconectado del Norte Grande (Sing) como en el Sistema Interconectado Central (Sic), entre otras materias.

Al respecto, es preciso tener presente que cualquier análisis sobre el sector, debe tener en claro que sin energía no es posible desarrollar la minería. Ello cobra especial relevancia, considerando que la industria cuenta con una potente cartera de proyectos de inversión, que requieren necesariamente para su materialización, este importante insumo. La minería es una actividad intensiva en energía, donde los combustibles y la electricidad son los principales factores de este ítem y los que muestran los valores más altos en la estructura de costos de la industria.

Ahora bien, para Chile no es indiferente lo que le ocurra a la minería, porque es precisamente la principal actividad económica del país.

En los últimos nueve años, es decir el periodo 2005-2013, la minería aportó el 15% del PIB que registró Chile, generó el 59% de las exportaciones y contribuyó con el 20% del financiamiento fiscal, esto es, uno de cada cinco pesos que recibió el fisco en el periodo indicado fue aportado por la minería.

En este escenario, asegurar el suministro energético en el largo plazo y a precios razonables, es hoy es uno de los principales desafíos de la industria minera.

Por ello, hemos sostenido que es prioritario aumentar la oferta energética, para disminuir los elevados costos que tiene el país, en relación a otras naciones de la región como Perú, Brasil, Colombia o México. Pues, sin duda, nos resta competitividad.

Nuestro país requiere contar con más generación eléctrica y, por tanto, no debemos descartar a priori ningún tipo de generación. En el caso de la minería, ésta mayor necesidad se explica por dos efectos que son concurrentes: Por una parte, están los proyectos nuevos que requieren energía adicional.  Por otra, los yacimientos existentes, en la mayoría de los casos, enfrentan un aumento de la cantidad de energía eléctrica necesaria para producir cada libra de cobre, particularmente, por la disminución de las leyes de mineral.

Otra causa relevante para el aumento de la necesidad de energía, son los proyectos de desalación y bombeo de agua, desde el mar hasta las faenas mineras, que se requerirán para los nuevos proyectos o las expansiones de los proyectos existentes. Por ejemplo, la impulsión de agua de mar hasta dónde se ubican las operaciones mineras, requiere cuatro veces más energía que lo que demanda el proceso para desalinizar este vital elemento.

Actualmente, el ítem más relevante en la estructura de costos de las empresas mineras que operan en Chile, es precisamente el valor de la energía, que representa alrededor del 20% del gasto total.

Hoy el principal desafío que enfrenta la minería es la pérdida de competitividad, que se expresa en dos grandes conceptos, importante aumento de costos y disminución de los niveles de productividad.

Uno de los factores que explica el incremento en los costos es precisamente el elevado valor de la energía, que ha llevado a que hoy el costo a cátodos en Chile sea superior al valor promedio a nivel mundial y alcanza, en el año 2013 que es el último registro disponible, medido en moneda actual, a US$ 2.55 por libra, en tanto que en el mundo llega a US$ 2.43 por libra. Esta situación se ha hecho patente a partir del año 2009, donde Chile muestra un costo para producir cobre superior al promedio mundial.

Sin seguridad en el suministro energético es muy difícil que se concrete la cuantiosa carpeta de proyectos mineros, por cuanto se afecta su viabilidad.

De acuerdo a la publicación de Cochilco, el consumo esperado de electricidad en la minería al año 2025, se incrementaría en un 80%, pasando de 21.9 tera wats hora en el 2014 a 39.5 tera wats hora, en el 2025.

Para satisfacer la demanda esperada de la minería se requerirá incrementar la capacidad de generación eléctrica en 2.500 MW, de los cuales 1.400 MW se estiman para el SING y 1.100 MW para el SIC.

Sin embargo, la capacidad de las nuevas centrales en construcción en el país alcanza a 3.962 MW, esto es un incremento de la capacidad instalada, tanto del SING como del SIC, de solo 20%.

Además, es preciso indicar que un tercio de esta nueva capacidad de generación, corresponde a energía no convencional.

Sin lugar a dudas, la nueva capacidad de generación que entraría en operaciones entre el 2015 y el 2020, es claramente insuficiente para las necesidades del país y particularmente, para los requerimientos del sector minero.

En relación a las energías renovables no convencionales, es preciso indicar que la minería tiene un claro liderazgo, pues son muchas las compañías mineras que han impulsado este tipo de energía, tales como Antofagasta Minerals, Collahuasi, Codelco y CMP,  por nombrar algunas, lo que contribuye a diversificar la matriz y a reducir las emisiones de gases efecto invernadero.

Sin embargo, no podemos perder de vista que la industria minera, como muchas otras, funciona ininterrumpidamente durante las 24 horas del día, por ello gran parte de la demanda futura seguirá siendo abastecida por fuentes de generación tradicional, exentas de la intermitencia de las fuentes de energía, que utilizan la radiación solar o los vientos.

Frente a este complejo escenario, consideramos que como país debemos fortalecer los mecanismos que permitan a los inversionistas, contar en forma clara, precisa y concreta con la certeza jurídica y económica necesaria para materializar sus proyectos, especialmente para aquellas inversiones que se desarrollan en el largo plazo como ocurre con la minería y la energía.

Post Author: Fabiola Garcia Sanders