Mesa Redonda seguridad en minería: “La innovación en seguridad avanza más rápido que la legislación”

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Una mirada a la industria desde la prevención y las principales necesidades que tiene el sector en torno a la seguridad. Si bien el estándar en este ítem es alto, aún hay mucho espacio para mejorar, particularmente en la mediana y pequeña minería. Los principales puntos críticos se relacionan con la preparación de los profesionales y trabajadores, específicamente en el uso de elementos de protección; el foco en el capital humano, el autocuidado, el rol del líder y la fiscalización y normativa. “Erróneamente se piensa que la seguridad es cara”, concluyeron.

Alejandro Pavez V.
Periodista Construcción Minera

Congregados por Revista Construcción Minera, expertos en seguridad y prevención de riesgos, junto con representantes y proveedores de soluciones para la protección del trabajador, reflexionaron en torno a la realidad y necesidades de la industria respecto de estas temáticas. Y es que la seguridad es, sin duda, un elemento trascendental en el desarrollo de cualquier proyecto. Un pilar fundamental del que depende el éxito de una obra, el cumplimiento de plazos y, por supuesto, el bienestar del capital humano. Obvio, porque cuando se produce un accidente, las repercusiones son de cuidado, a todo nivel, desde el factor humano, hasta el económico y productivo. Desde ahí la importancia por preocuparse y ocuparse de estos asuntos.

El particular contexto que vive la industria invita a mirar más detenidamente cómo se desenvuelve esta temática. Claro, porque en un escenario donde se deben optimizar los recursos, los departamentos de prevención, a juicio de los expertos, no serían precisamente la primera prioridad para invertir, lo que obligaría a una mayor preocupación por parte de toda la organización por la prevención de riesgos. “Cuando tienes recursos ‘ilimitados’ puedes hacer cosas ‘ilimitadas’, pero cuando tienes recursos limitados, tienes que ser capaz de optimizar y re pensar como haces algunas cosas. Lo que estamos observando hoy es que los departamentos de seguridad de las compañías mineras son cada vez más pequeños y, al tener departamento más chicos, vas a tener que necesariamente asegurar que la responsabilidad de la seguridad permee al resto de la organización. El escenario actual del sector minero va a obligar que los líderes de la organización tengan un rol mucho más activo en materia de seguridad”, señaló Arturo Cares, gerente de Prevención de la Asociación Chilena de Seguridad, ACHS.

No obstante lo anterior, fue de opinión general que los estándares que maneja la industria son de altísima calidad, quizás los más elevados de la región. “En términos generales, creo que somos ejemplo a nivel latinoamericano. He tenido la oportunidad de estar en Perú para algunas ferias, de estar en Bolivia, que también están haciendo algo atractivo en minería y la verdad es que nosotros llevamos la delantera en términos de seguridad, en términos tecnológicos, de nivel de profesionales, en general en todo y eso es muy destacable, nos reconocen a nivel latinoamericano como referentes”, indicó Felipe de Torres, Socio Fundador de Safety App. Sin embargo, a juicio de los integrantes de la mesa, aún quedarían muchos espacios de mejora, particularmente en los proyectos de la mediana y pequeña minería que en muchas ocasiones no contarían con los mismos estándares e insumos de los grandes proyectos mineros. “Podemos hablar que la gran minería tiene estándares que van muy por sobre la media respecto de lo que es el nivel nacional. Sin embargo, cuando vamos bajando en el tamaño de las empresas, nos vamos encontrando con diferencias importantes en términos de la cultura de seguridad que existen en interior de esas faenas. Hoy tenemos un espacio importante para generar cultura de seguridad en la pequeña e incluso me atrevería a decir en la mediana minería, que están bastante separadas respecto del trabajo que han hecho las grandes mineras en materia de seguridad. Acá tenemos un espacio que no hemos sido capaces de resolver”, puntualizó Cares.

Respecto de cuáles son los principales puntos críticos en los proyectos de minería, la mesa fue enfática en destacar, por lo menos cuatro grandes áreas. La primera de ellas es el foco en las personas, en la salud ocupacional y la preocupación por la efectividad de los elementos de protección personal (EPP). Junto con este tema, se encontraría la formación del capital humano, la preparación que tenga el trabajador para sacar provecho de su EPP y de las diversas estrategias de prevención. Finalmente, el desarrollo de la normativa y el fortalecimiento de la fiscalización, son temáticas fundamentales en las que se propone avanzar. Las necesidades y los riesgos cambian y la legislación no se adaptaría al mismo ritmo. El diagnóstico de esta mesa es claro. El sector público y el sector privado deben dialogar e ir de la mano con estos cambios. “No trato de generalizar, pero yo creo que las mutualidades están haciendo un trabajo extraordinario en este tema, que no se ve  respaldado por la parte legislativa, ni en las leyes, ni en la fiscalización. Las leyes están quedando anticuadas, no están siendo actualizadas con los requisitos que quiere el país. Si tendemos hacia el desarrollo, debemos dirigirnos hacia una legislación que tienda hacia el desarrollo también. Que la entienda todo el mundo y que se fiscalice. No sacamos nada, por ejemplo, con que tengamos un protocolo de salud ocupacional si luego no se cumple, pese a que se estableció por ley. El problema de la fiscalización es cuando no llega y no va a la par”, puntualizó Marcos Casalderrey, gerente de Seguridad y Salud de Sacyr Chile.

Protección personal

Uno de los puntos de cuidado, de acuerdo a la esta mesa de discusión, dice relación con la salud ocupacional, con el foco en la persona, centrado principalmente en el bienestar del trabajador y en la utilidad que le otorgue a su EPP. La decisión respecto de qué elemento de protección ocupar, deberá considerar los factores de riesgo a los que se enfrentará la persona, a la estrategia de prevención que desarrolle la organización y, sobre todo, a la comodidad del usuario final.

Para Carlos Espinosa, gerente de Desarrollo de la División Seguridad de Forus, a través de la marca Norseg Safety en Chile, “las grandes empresas han tomado el tema muy en serio y avanzan notoriamente con mejorías en el ámbito de seguridad”. Por el lado de Norseg Safety, agregó que, basado en la experiencia y en un trabajo directo con la industria, “hemos considerado en sus productos un equilibrio entre diseño, tecnologías, calidad, comodidad y estilos de vida, parámetros que consideran a la persona como foco de innovación y desarrollo”. Aun así, Arturo Cares, agrega que “la salud ocupacional es un tema que está al debe. Si bien los temas de seguridad están bien resueltos, falta desarrollo en  salud ocupacional y en como generamos espacios de trabajo de calidad. Si tomamos como ejemplo el tema de la ropa, deberíamos preguntarnos cómo ésta se ajusta a temas ergonómicos, por ejemplo, cómo el guante puede ser un elemento que le permita al trabajador desempeñarse en forma cómodo y que le permita trabajar como lo tiene que hacer. En ese contexto, estamos desarrollando un modelo que nos permita a contribuir a resolver las brechas que hoy vemos en materia de salud ocupacional, donde la minería tiene un gran espacio de mejora”.

Ahora bien, en este escenario, el mercado ofrece un amplio abanico de alternativas relacionadas con los elementos de protección. Tecnologías de alto desempeño que cumplirían los estándares más estrictos; sin embargo, existiría un profundo desconocimiento de sus propiedades, especialmente en el usuario final. Esta situación, a juicio de Marcos Casalderrey, llevaría a preguntarse “¿por qué, si tenemos EPP de alta calidad , sigue habiendo accidentes relacionados con que el EPP no estaba bien puesto, no estaba bien mantenido, no estaba bien utilizado?”.  Acá, continua el experto, “no falla el EPP, ni el ente fiscalizador, lo que falla es que hay un proceso intermedio al que no estamos llegando”. Y ese proceso, dice relación con la capacitación respecto del elemento de protección personal que se está empleando. “La innovación en EPP crece a un ritmo muy alto, pero no se traduce al impacto que tiene que generar en el trabajador que es el que lo está usando. Le está llegando tecnología muy buena, que  conoce el departamento de compra o el experto en prevención, pero el resto de la empresa desconoce. El trabajador no llega a comprender cómo se debe utilizar, porque ya no se utilizan los EPP como hace 10 años. La mantención cambia, las instrucciones del fabricante cambian y no llegan al trabajador. Las capacitaciones no son de toda la calidad que quisiéramos. Si el EPP falla por un uso inadecuado, por desconocimiento, no hay vuelta atrás”, añadió el gerente de Seguridad y Salud de Sacyr Chile.

Frente a ello, Natalia Morata, representante en Chile del fabricante francés de fibra de aramida Kermel, señaló que “hay que facilitar las cosas para que el usuario, en este proceso de autocuidado, se vaya mentalizando un poco más”. No obstante debe haber un total convencimiento del líder de una organización que el EPP resulta fundamental para la seguridad, más allá de lo “exigido” por la ley. Un cambio de concepción que apunta a verlo como una inversión que aportará al desarrollo de su tarea. “Erróneamente se piensa que la seguridad es cara. Como empresario debo tener a mi gente protegida, y lo primero que pregunto es cuánto me va a costar esto. ¿Cómo se cuantifica eso? ¿Quién tiene un registro que transparentemente quiera compartir para saber que los ingresos o las inversiones en seguridad efectivamente no son un gasto sino que una inversión?  Hay que continuar haciendo un trabajo que redunde en esta conciencia que parte desde arriba y que se tiene que ir trasladando a todas las capas para que el usuario final sepa cómo vestirse, cómo protegerse. Hay muchos indicadores positivos, solo que a veces uno se siente un poco solo luchando contra los elementos”, concluyó.

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Legislación

Un aspecto fundamental en el desarrollo de la seguridad en Chile tiene que ver con las normativas. Para Marcelo Salinas, gerente general de Segfis, empresa de ingeniería proveedora de puertas metálicas y cortafuego, “tenemos una realidad país en la que hay ciertos vacíos que nos está costando entender. En varios aspectos nuestra normativa y legislación posee algunos vacíos en el desarrollo de la infraestructura, sobre todo en el sector minero, donde hemos notado que hay cierto grado de desinformación en cómo hacemos  las cosas y qué tanto de esas exigencias y esos requisitos se tienen que cumplir”. Por ejemplo, continuó Salinas, “tuve la oportunidad de hacer un levantamiento en Calama, donde el desarrollo de la infraestructura en ciertos sectores que son delicados y que necesitan un desarrollo de protección pasiva contra incendios, sufre ciertas incoherencias. Hay estructuras que serían incapaces de soportar ni cinco minutos frente a un accidente donde la sensación térmica se ha visto afectada rápidamente, aunque los implementos de seguridad humano fuesen los apropiados, probablemente habrían pérdidas humanas”.

Frente a estas situaciones, ¿cuál es el rol que juega la fiscalización? En opinión de Arturo Cares, “Sernageomin, ha hecho un fuerte esfuerzo en materia de fiscalización, pero sigue teniendo una cantidad de fiscalizadores relativamente pequeña para la cantidad de productores que tiene el país.”

Fue consenso general  que tras el accidente de la Mina San José, se generó un avance en la seguridad de los proyectos mineros. Aumentaron las exigencias, pero no se ha generado, hasta ahora, una política de seguridad que diera garantías desde el Estado. “Teníamos una legislación bien potente, pero no había una política de Estado en temas de seguridad, y al no haberla, el esfuerzo regulatorio y el esfuerzo que se tiene que plantear hacia las organizaciones no estaba lo suficientemente alineado como debería. Esta nueva política va a marcar un estado futuro de nuestro país en materia de seguridad, que va a ser bien interesante. Dentro de ese modelo van a ocurrir cosas que hoy no ocurren. Por ejemplo, mayor participación de las instancias sindicales en temas de seguridad, que hoy es un tema que no es lo normal”, indicó Cares.

En materia de elementos de protección, también hay un espacio para mejora en la normativa. En opinión de Natalia Morata, hay un vacío respecto de las exigencias en cuanto a la definición de qué EPP utilizar en cada situación. “Como empresas, como prevencionistas, como encargado de seguridad qué normas exijo yo que debe cumplir la ropa ignifuga, por ejemplo, para mis trabajadores, qué norma. Porque chilena no hay, entre otras cosas porque no se puede testear el cumplimiento de ropa ignifuga o de arco eléctrico aquí. Entonces, automáticamente, como en todos los sectores, yo me voy a reflejar en este código de aplicación optativo que es el norteamericano o voy  a tomar como referente el europeo o voy a hacer un mix. Como contratista de una empresa minera, le preguntas qué tiene que cumplir el trabajador para entrar a tu faena y no recibes respuestas. Entonces qué quieres fiscalizar ahí”. “Lo que pasa es que la innovación en seguridad avanza mucho más rápido que la legislación”, añadió Casalderrey.

Cultura

La atención a estos temas y el desarrollo de una política de seguridad, tendrían que ver con algo más profundo e iría directamente alineado con la cultura. A juicio de Víctor Armijos, Ingeniero Civil del área de Proyectos de I+D de Sacyr Chile, “para lograr que la cultura cambie, lamentablemente en Latinoamérica, tiene que haber alguien que lo exija. Es difícil que el cambio de cultura surja de por sí. Tiene que haber una institución que norme, que controle esto, de tal manera que se cumpla realmente”.

De todas formas, la preocupación por la seguridad y el desarrollo de una estrategia de prevención efectiva, más allá de la normativa y la fiscalización, debería nacer del convencimiento del líder de la organización, para que se traspase al resto de los trabajadores. La cultura de seguridad, a opinión de los especialistas, debe  propagarse de esa forma. Y, claro, si bien no es una generalidad, hay buenas experiencias y ese es el gran desafío. “He tenido la posibilidad de compartir con gerentes de operaciones de algunas compañías mineras y son súper comprometidos y están dispuestos a parar un proceso productivo por la seguridad de alguien. Lo tienen internalizado y saben lo importante que es. Pero quizás hay personas que no están dispuestos a ello o no tienen esa cultura. No es una generalidad. Hay de todo. Te puedes topar en faenas de trabajo con gente y organizaciones muy comprometidas que hacen inversiones en EPP de buena calidad, en innovaciones tecnológicas para poder llevar control operacional, hacen esfuerzos económicos y los contemplan dentro de su estudio de proyecto y presupuesto para que esto se efectúe; pero también te puedes topar con empresas que, por ahorro de costos, reducen el presupuesto en temas de seguridad. Hay de todo. El tema es identificar o tratar de llegar a quienes no estén tan comprometidos con este tema. Porque una empresa comprometida, tiene buenos resultados y recurre a sus organismos administradores en apoyo, a proveedores para que lo asesoren y  abre su red de contactos, amplía su espectro de visión en términos operacionales y dice abarquemos este tema y démosle una mirada positiva, pero son algunas compañías y algunos líderes. El tema parte desde la cabeza”, concluyó Felipe de Torres.

Post Author: Fabiola Garcia Sanders