Luces para salida de la crisis de confianza en el sector de la construcción en Chile

Marcela Radovic C.
Marcela Radovic C. Radovic&Wagemann, Abogados e Ingenieros

Según el Banco Mundial, después del auge observado entre los años 2010 y 2012, el 2014 la economía chilena registró una desaceleración como consecuencia  de un retroceso en el sector minero debido al fin del ciclo de inversión, la caída de los precios del cobre y el declive en el consumo privado.

Dicho fenómeno se da, además, en el contexto de la que quizás es la peor crisis de confianza que hemos vivido y que, particularmente en el sector de la construcción, nos está llevando a altísimos índices de conflictividad, judicialización y mayores costos de los proyectos nunca antes vistos.

La verdad sea dicha, Chile nunca ha sido un país en el que la confianza haya abundado y de hecho, a nivel social, la Encuesta Mundial de Valores (The World Value Survey) 2010-2014 muestra que solo un 12% de los chilenos cree que se puede confiar en la mayoría de las personas, mientras que alrededor de un 70% prefiere ser desconfiado y precavido en el trato con el demás. Chile se ubica dentro del 30% de los países con menor confianza social del mundo y como el 5º más desconfiado de Latinoamérica y el más desconfiado, (junto con México) de los países de la OCDE.

Es tanta la importancia que el factor confianza tiene para el desarrollo económico y social de los países, que la OCDE ha recomendado a sus miembros invertir en el cultivo de la confianza, para el logro de bienestar, cohesión social y su desarrollo económico.

El problema al que nos enfrentamos es que a la hora de buscar soluciones, nos encontramos con que la gran mayoría de los líderes no pasan del diagnóstico y en materia de soluciones, no se animan más allá de ideas muy generales y a estas alturas comunes, tales como: “hay que tener más confianza”, “hay que innovar más” o “hay que aumentar los niveles de productividad”.

En efecto, hoy son muy pocos los que se animan a trascender esos conceptos tan generales y darnos pistas y guías concretas para empezar a salir de la crisis que nos afecta.

Sin el ánimo de asumir yo ese rol, me parece importante al menos dejar aquí algunas ideas que he venido compartiendo desde hace ya algunos meses sobre el concepto de confianza, su rol en los negocios y algunos de sus elementos clave, de manera de contribuir más concretamente al cambio que, como sector, debemos iniciar si queremos un mercado más eficiente y productivo.

El primer paso consiste en salir de nuestra zona de confort y mirar a la confianza con nuevos ojos. En efecto, muchas veces la confianza se asume, se da por sentado, se mal entiende y se subestima hasta el momento en que se ponen en peligro los vínculos contractuales y la construcción, no solo de las obras involucradas, sino también de un futuro conjunto.

Para estos efectos, propongo que definamos la confianza como aquel “estado emocional que da seguridad y que nos permite construir futuro, siendo la base de los acuerdos y por tanto, de las relaciones y de los proyectos que impulsamos colectivamente”.

Lo cierto es que todos necesitamos confiar en que los otros actuarán como lo han comprometido, como le pasa por ejemplo al Mandante que para llevar adelante un proyecto necesita confiar en que el Contratista cumplirá con el encargo contratado. Por otro lado, todos necesitamos que los demás confíen en nosotros para poder movernos en la sociedad y por cierto, en el mundo de los negocios.

El profesor Stephen Covey (considerado por muchos como un referente mundial sobre cómo transformar la confianza en las organizaciones en una ventaja competitiva) postula en su libro “El Factor Confianza” que existe una relación directa entre los niveles de confianza existentes en un negocio o proyecto y los costos y la velocidad del mismo. Según este autor, la confianza afecta dos resultados que son perfectamente medibles: la velocidad y el costo de cualquier operación o vínculo, por ejemplo: un contrato de construcción. De esta manera, cuando la confianza disminuye, se crea lo que el autor denomina un “costo de bajo nivel de confianza”, dado por el hecho de que la desconfianza significativa duplica el costo de hacer negocios y triplica el tiempo que se necesita para lograr hacer las cosas.

Por el contrario, cuando la confianza aumenta, la velocidad en el logro de los objetivos también crece y el costo del negocio de que se trate disminuye.

El desafío ahora es gestionar la confianza en nuestro favor y a favor de todo el sistema, pero en un mundo como el actual, en el que todos los días nos enteramos de casos de corrupción y de dobles estándares, es difícil saber cuándo y hasta dónde confiar y que los demás confíen en nosotros.

Tres aspectos aparecen como fundamentales, para empezar a salir de la crisis: En primer lugar, aprender a hacer juicios de confiabilidad respecto de los otros. No se trata, en efecto, simplemente de tener más confianza. Se trata más bien de aprender a observar y reconocer  la confiabilidad de los actores en cada caso y para cada ámbito y desde ahí, depositar o no nuestra confianza en ellos. A esto le llamaremos tener una confianza lúcida, basada en hechos sostenidos en el tiempo y comprobables.

En segundo lugar, es fundamental desarrollar la capacidad de autodiagnosticar nuestro propio nivel de confiabilidad en los distintos ámbitos en los que nos desempeñamos, ya sea que estemos actuando como personas o como empresas. Para esto, nos enfocaremos, a lo menos, en determinar si poseemos las competencias técnicas necesarias, si hemos cumplido o no los compromisos asumidos y si en nuestro actuar cotidiano hemos sido honestos. Estos tres elementos constituyen la base mínima de nuestra confiabilidad y, por tanto, de nuestra reputación en un mercado determinado.

En tercer y último lugar, una vez que hayamos determinado qué tan confiable somos, trabajaremos con miras a aumentar nuestros propios niveles de confiabilidad, diseñando, implementado y monitoreando acciones concretas, sostenidas y coherentes que contribuyan al fortalecimiento de este factor nuestra reputación.

En resumen, si como personas o como empresas de un determinado mercado queremos influir y por tanto, tener éxito, por ejemplo, atrayendo nuevos contratistas si somos mandantes, mejores precios, mejores resultados en las negociaciones o que se nos adjudiquen más licitaciones y mejores márgenes en un determinado contrato, si somos contratistas, tendremos que ser capaces de evaluar adecuadamente la confiabilidad de los otros actores con los que nos relacionamos y, en segundo lugar, de generar, fortalecer y desarrollar nuestra confiabilidad y reputación en dicho mercado.

Solo a través de un una gestión proactiva y estratégica de los aspectos constitutivos de la confiabilidad seremos capaces de construir relaciones de colaboración, de largo plazo y con ello la obtención de los resultados y objetivos planteados, como personas, como empresas y como país.

Post Author: Fabiola Garcia Sanders