Las jornadas especiales con una mirada regional

Juan González Beltrán Presidente Regional CChC Calama
Juan González Beltrán
Presidente Regional CChC Calama

La producción nunca se detiene en la minería, menos en nuestro país donde su aporte es fundamental para la economía y crecimiento. Frente a este desafío, las empresas del sector han comenzado a implementar sistemas especiales de trabajo por turnos para mantener la continuidad de sus operaciones, cumpliendo así con su objetivo primordial.

Se debe destacar que para aplicar un sistema de jornada de trabajo especial resulta necesario solicitar autorización a la Dirección del Trabajo. De hecho, el Artículo 38 del Código de Trabajo establece que “el Director del Trabajo está facultado para autorizar, previo acuerdo de los trabajadores involucrados y por resolución fundada, el establecimiento de sistemas excepcionales de distribución de jornadas de trabajo y de descanso, cuando el sistema de jornada de trabajo que establece ese artículo no pudiese aplicarse, dadas las características especiales de la prestación de servicios”. Por lo demás, este sistema debe renovarse cada cuatro años con el acuerdo de los trabajadores. ¿Se cumple realmente esta reglamentación en todos los casos? Es una buena interrogante a responder.

Las distintas jornadas: Beneficios y desafíos

El debate sobre este modelo no es nuevo, al contrario, permanentemente se encuentra sobre la mesa de trabajo de las empresas mineras. Sólo basta con recordar, por ejemplo, la negociación colectiva de 2012 en Chuquicamata. En aquella ocasión los trabajadores rechazaron su aplicación, argumentando que ya estaba instaurado el régimen de 5 (días trabajados) X 2 (jornadas descanso), y que la nueva fórmula se relacionaba más con las faenas de campamento de la minería privada y no con la pública.

Sus impulsores defendieron su postura aduciendo que su aplicación en la minería permite mejorar la eficiencia y reducir los costos. Bajo esta misma premisa, ya son varios los centros mineros del país que incursionan con nuevos modelos o sistemas de turnos. Entre estos se encuentran, por ejemplo, trabajar 12 horas durante cuatro, siete o diez días seguidos por igual cantidad de jornadas de descanso. Según sus impulsores, de esta manera se reducen los traslados, los tiempos muertos y mejora la eficiencia laboral. Igualmente, defienden la hipótesis afirmando que cambiando la jornada de 8 a 12 horas abordan sus principales focos de interés como la continuidad operacional, evitar accidentes, optimización de las áreas de apoyo, estrechez dotacional, mejor salud y calidad de vida del trabajador. Importante sería conocer los alcances de los estudios que puedan existir sobre el tema y que respaldan la aplicación de las Jornadas Especiales de Trabajo.

Al elegir un turno 7×7, el minero trabaja menos de la mitad del año porque a ello se deben sumar los feriados. En cambio, un trabajador urbano habitualmente se desempeña en jornadas de 5×2 o 6×1, donde lógicamente debe producirse el “traslape” o cambio de turno con diferencias horarias entre el que se retira y el que se integra a la tarea respectiva. Entonces, ¿dónde está la productividad? Otra interesa pregunta para abordar.

Visión local

A este escenario que plantean las jornadas laborales especiales debemos sumar otro elemento: Bajo el argumento de la línea ejecutiva en relación a que “no están los especialistas en la zona”, llegan a las ciudades mineras trabajadores provenientes de otras regiones del país, generando un mayor costo para sus empresas, pues además de traslados se agregan otros ítems como alojamiento y alimentación. Una situación que no se presenta cuando se contrata a un trabajador local. En la práctica, la diferencia radicaría sólo en los pasajes, porque la alimentación, el alojamiento y la logística igualmente se cubren durante todo el mes. Tampoco se debe olvidar que la aplicación de una jornada de este tipo significa para el empleador un aumento en la dotación normal de entre un 10 y 20 por ciento. Así, se plantea otro interrogante: ¿Dónde está el ahorro?

Asimismo, estudios han comprobado que el trabajo excesivo limita ingresos reales a los empleados por tiempos muertos que nunca se cancelan, además de provocar estrés, fatiga, problemas cardiacos, neurológicos y gástricos. Es más, en ciertos casos generaría adicciones, ausentismo, trastornos sicológicos y sociales por la separación de las familias y/o por la ausencia del padre o la madre en el hogar.

Siguiendo con el análisis de las jornadas laborales especiales, resulta interesante destacar que hoy ante esta materia existe una mirada es distinta, en gran medida por la modernidad del transporte público y al cambio de mentalidad competitiva de los nuevos empleadores y empleados. Sin embargo, sus detractores opinan que este mecanismo laboral dañaría un área tan importante como la minería, pues no sólo perjudicaría la productividad sino también el sentido de arraigo del trabajador con la zona minera. En esta línea, se visualiza que la obligada ausencia de 7 o más días de la ciudad limita el arraigo, y a esto se suma que los recursos generados en la zona se llevan a las regiones de origen de los trabajadores.

Reflexiones finales

El hecho que algunas empresas operen en sus actividades permanentes con trabajadores propios y contratistas externos en lugar de trabajadores locales, trae como consecuencia un cambio muy importante en las perspectivas futuras de cualquier ciudad minera. Por ello, los efectos socio – económicos de las jornadas especiales en cualquier zona, debe ser analizados exhaustivamente por las administraciones de estas empresas antes de su implementación.

El camino pareciera ser que los actores involucrados, mandantes, contratistas, y, por supuesto, los trabajadores reflexionen objetivamente sobre el tema y tomen las decisiones conjuntas necesarias para buscar las soluciones sin olvidar la visión regionalista. Por su parte las autoridades debieran considerar también una revisión y/o actualización de las leyes vigentes.

Una interesante iniciativa sería la apertura de un diálogo entre la empresa y autoridades sobre el tema de las Jornadas Especiales. Esta conversación franca debiera ser una instancia donde abordar también la productividad, costos y efectos asociados a la medida, como igualmente los intereses de sus administraciones y de las ciudades donde están radicados sus centros productivos, entre otras materias.

De esta manera, a través de un diálogo de consenso y productivo, no solamente se aportaría al desarrollo de las empresas locales y a la generación de nuevas oportunidades laborales, sino que a través de una nueva relación con las ciudades mineras se aprovecharía una posibilidad histórica para contribuir significativamente a su desarrollo territorial.

Así, los promotores de las jornadas de trabajo se estarían haciendo cargo de los impactos sociales que provocan sus operaciones y proyectos en las comunidades cercanas. Y lo más importante, se estaría contribuyendo a que empresas, trabajadores y comunidades optimicen su bienestar, fortalezcan sus capacidades y recursos, y potencien relaciones confiables y transparentes de mutuo beneficio.

Post Author: Fabiola Garcia Sanders