La productividad y las relaciones en la construcción minera

Alex Wagemann F. Radovic&Wagemann, Abogados e Ingenieros
Alex Wagemann F. Radovic&Wagemann, Abogados e Ingenieros

Hace un par de días atrás tuve la oportunidad de ver la presentación de un plan piloto producto de la mesa de trabajo que actualmente está llevando adelante el Consejo Minero con la Cámara Chilena de la Construcción. Dicho piloto tenía como objetivo principal aumentar la productividad mediante el incremento de las horas efectivas de trabajo de la mano de obra directa, lo que se logró en un periodo de 3 meses, aumentando desde un 46 a cerca del 55 por ciento. Es importante tener presente que, en general, los tiempos efectivamente disponibles en la industria minera rondan en torno a un 49 o 50 por ciento.

Junto con sorprenderme gratamente con el éxito del proyecto, que representó en definitiva un incremento porcentual cercano al 20 por ciento en términos del mayor tiempo disponible que tenían los trabajadores para lograr su cometido, me llamó poderosamente la atención el hecho de que una parte no menor de ese aumento, correspondía a la reducción de actividades que no aportaban valor y, en especial, a las instrucciones contradictorias o que no tenían sentido alguno. Dichas instrucciones representaban algo así como el 5 por ciento del tiempo total en una jornada de 12 horas (alrededor de 35 minutos diarios), lo que, en términos de grandes números, equivalen a cerca de 150 millones de dólares en los actuales proyectos mineros, entendiendo que 1 hora menos de trabajo implica alrededor de 300 millones de la misma divisa que se diluyen en esta industria. Esto es mucho dinero perdido por instrucciones que no tienen sentido alguno.

A propósito de esto último, una de las cosas que aún nos sorprende, es la falta de atención que las empresas, mandantes y contratistas por igual, prestan al factor relacional en los contratos de infraestructura minera, considerando que las instrucciones sin lógica apuntan precisamente a ello. Si bien en un principio las dificultades entre partes eran de tipo técnico (ingeniería deficiente, retrasos en las entregas de áreas o calidad de los suministros e insumos utilizados), estas han ido quedando atrás en su gravitancia. La gente sabe en general hacer bien su trabajo y los temas técnicos, son, dentro de todos, los más fáciles de resolver y los más difíciles de defender por aquel que no ha cumplido. Tampoco el tema principal hoy (y no quiero decir con esto que aún no sea un importante asunto) es el orden contractual. Si bien podremos discutir si los contratos son o no desequilibrados en términos de la distribución de riesgos para cada parte, lo cierto que esto es un factor conocido desde hace décadas por la industria; lo anterior, sin perjuicio además de la tendencia a incorporar modelos de contratos (como FIDIC o NEC3) de mejor equilibro, o bien, formatos con incorporación de esquemas de mayor integración o partnering, situación que he podido ver en al menos 2 proyectos mineros en el último par de meses. Lo anterior tiene sentido, puesto que, cuando el dinero escasea, hay que buscar formas más eficientes de contratar y un claro factor de eficiencia pasa por disminuir el recargo en el valor de las propuestas, recargo que el contratista sólo reducirá si se le ofrecen condiciones de contratación con una distribución de riesgos más ventajosa.

Por lo tanto, nos queda pendiente el factor relacional, que surge de una inquietud planteada difusamente en esta columna; y que es la siguiente: si ya tengo una buena ingeniería, un buen cronograma de entrega de suministros, bases de licitación adecuadas y un contrato razonablemente equilibrado, ¿por qué no soy capaz de evitar el conflicto? ¿Por qué la tasa de accidentabilidad no se reduce? ¿Por qué la productividad no mejora? La respuesta es simple pero al mismo tiempo difícil de digerir. El problema es usted. Los profesionales hacen técnicamente bien su trabajo, y últimamente han mejorado las condiciones de contratación (o al menos, son igual de desequilibradas que siempre), pero es usted el que no cambia, dando instrucciones de manera contradictoria o haciendo dos veces algo que debería hacer bien a la primera; es usted quien, en vez de acercarse a conversar con su contraparte, prefiere escribir la nota formal o bien, cursar la multa sin preguntar, entre una multiplicidad de ejemplos que podríamos mencionar.

Hace ya un buen tiempo que entramos en un mundo en que la única forma de progresar y lograr objetivos es a través de la colaboración por sobre la confrontación. Pero eso implica un cambio de óptica entendiendo que los contratos, al igual que la vida misma, no pueden ser diseccionados, sino que deben ser vistos desde una perspectiva múltiple e integrada, considerando los factores técnicos, contractuales y relacionales, todos a la vez, aunque a usted esto último no le guste o le resulte complicado. Así que tendrá que armarse de paciencia, sacarse la timidez y comenzar a conversar con su vecino del frente, asistir a talleres de co-creación, tomar un coaching o probar aplicando la música en el manejo de la relación con su contraparte, pues son estas las herramientas que hoy mejoran la productividad en los proyectos mineros y las relaciones contractuales en general, cuando los otros caminos, de tanto transitarlos, ya se han ido agotando. En una de esas, entre todos le ahorramos 150 millones de dólares a la industria, lo que estaría bastante bien.

Autor entrada: cmineracdt