La gestión del riesgo en los proyectos de obras subterráneas – Parte II

Alexandre Gomes Presidente del Comité de túneles y Espacios Subterráneos, entidad coordinada por CDT
Alexandre Gomes
Presidente del Comité de túneles y Espacios Subterráneos, entidad coordinada por CDT

En la columna anterior, expuse sobre algunos de los principales aspectos y conceptos considerados en las actuales metodologías de gestión del riesgo aplicadas a las obras de carácter subterráneo. Aunque las diversas metodologías propuestas por diferentes entidades internacionales presenten algún grado de variación en su forma, contenido y grado de especificidad, todas ellas siguen un procedimiento similar, secuencial y trazable.

En general, hay una primera etapa de identificación de los peligros potenciales, seguida de una etapa de análisis y valoración de los riesgos asociados (producto de la combinación entre los peligros identificados y su probabilidad de ocurrencia) para luego, decidirse sobre las medidas que serán implementadas para evitar riesgos que sean considerados inaceptables. Entre los tipos de peligros/riesgos que poder ser considerados, se pueden citar, por ejemplo, peligros generales, tales como disputas contractuales; insolvencia  y problemas institucionales; interferencia de autoridades sectoriales (gobierno); interferencia de terceros y problemas laborales, así como peligros específicos, tales como los accidentes y fuerza mayor; condiciones adversas no previstas; diseño, especificaciones y programas inadecuados; fallas de equipos cruciales y trabajos con baja calidad, lentos o fueras de tolerancia. Entre los riesgos derivados de estos peligros se incluyen riegos a la salud y seguridad de los trabajadores y terceros, a la propiedad de terceros, edificaciones, edificios y monumentos históricos e infraestructura en general, riesgos al medio ambiente, retrasos o no conclusión de la obra y riesgos de pérdidas financieras.

Las metodologías citadas también consideran una etapa de asignación de los riesgos que serán asumidos por cada una de las partes involucradas en el proyecto y, finalmente, la definición de las medidas de monitoreo, el plan de gestión, de control, de comunicación y de evaluación de los riesgos considerados en el marco del proyecto en cuestión.

Cada una de estas etapas se aplican en todas las fases de un proyecto, teniendo como objetivos principales, la reducción de la probabilidad de pérdidas humanas y materiales, la reducción de los montos de los reclamos (cuando estos ocurren) y la exposición de la realidad del proyecto ante las seguradoras y financistas. A continuación, listo algunos aspectos específicos que son usualmente considerados en cada fase del proyecto, según los lineamientos de la guía de gestión de riesgos en obras subterráneas, preparada por el grupo de trabajo WG2 de la Asociación Internacional de Túneles (ITA, 2004).

I – Fases Tempranas de Proyecto (Ingenieria de Factibilidad y Conceptual)

Se reconoce como principio básico que el análisis del riesgo debe ser efectuado en un proyecto en forma suficientemente temprana, de tal modo que sea factible implementar las medidas de reducción del riesgo identificado en forma oportuna.

En esta fase, el mandante define la política de riesgos, la que debe indicar el alcance, los objetivos y la estrategia de gestión del riesgo que se aplicará al proyecto. También se establecen los niveles aceptables de riesgo, lo que se orienta a principios tal como el del sistema ALARP (“As Low As Reasonably Practicable”), citado en la columna anterior, el que establece que el riesgo residual debe ser tan bajo como sea razonablemente factible. Se genera también un catastro de riesgos que identifique, clasifique y cuantifique los riesgos, definiendo las respectivas medidas asociadas de mitigacion y control. Finalmente, se ejecuta un análisis detallado de áreas de interés o de mayor preocupación, que pueden resultar en riesgos de mayor impacto a la obra y a terceros o “fatal flaws” en el proyecto.

II – Fase de Licitación y Contratación

En esta fase se definen los requisitos que constarán en los documentos de licitación. En general, el contratista proponente debe presentar como parte de su propuesta su plan de gestión del riesgo, el que debe estar de acuerdo con lo solicitado y considerado en la política de gestión del riesgo del mandante.

El mandante debe considerar un análisis de riesgo para la selección del contratista más adecuado. Esta evaluación típicamente incluí lo siguiente: la capacidad del contratista de identificar y controlar los riesgos, aplicando soluciones técnicas adecuadas, además de implementar el plan de gestión de riesgos propuesto;  análisis sistemático de las diferencias en términos de riesgo de las diversas propuestas entregadas; consideración del conocimiento y know-how disponible al contratista.  Además, en esta oportunidad, se definen también las cláusulas contractuales que definirán los aspectos  relativos al sistema de gestión del riesgo que será aplicado durante la ejecución del proyecto.

Luego de la selección de un contratista, la etapa de negociaciones puede ser usada para convenir en común acuerdo una descripción contractual más detallada del sistema de gestión del riesgo que será utilizado en el proyecto. En esta fase, si pertinente, también se discuten y se negocian alternativas técnicas propuestas a la luz de los análisis de riesgo llevados a cabo y descritos en el contrato.

 

III – Fase de Construcción

Durante las etapas tempranas de diseño o de negociación entre el mandante y el contratista, algunos riesgos pueden ser transferidos, ya sea contractualmente o a través de seguros, mientras que otros riesgos pueden ser aceptados o eliminados/mitigados.

Por otro lado, durante la etapa de construcción, las posibilidades de transferencia de riesgos son mínimas y la estrategia más ventajosa para tanto el mandante como para el contratista es la de reducir a lo mínimo posible la severidad de los riesgos mediante la planificación e implementación de iniciativas de eliminación o mitigación de los riesgos.

En términos de la gestión del riesgo, tanto el contratista como el mandante cumplen un importante rol durante la obra. Mientras que el contratista debe implementar el sistema de gestión del riesgo, el mandante debe llevar a cabo sistemas de gestión del riesgo complementarios, además de lograr constituir, conjuntamente con el contratista, un equipo integrado de gestión de riesgos.

En general, el contratista es el responsable por la implementación de la política de riesgo del mandante a través de un prolijo, bien estructurado y simples plan de gestión del riesgo. Las medidas de mitigación y control de riesgos deben son aplicadas por el contratista de acuerdo con el plan establecido y, en casos excepcionales, cuando las medidas son de mayor impacto sobre la obra, éste debe advertir y requerir al mandante la aprobación para la ejecución de estas medidas.

El mandante, por otro lado, debe continuar ejecutando análisis de riesgo sobre aspectos no incluidos en la responsabilidad del contratista y que no estén cubiertos por el contrato, por ejemplo, aspectos contractuales asociados a riesgos técnicos identificados por el contratista. Los riesgos de mayor relevancia son lo que pueden poner en riesgo la vida humana y/o generar pérdidas y retrasos a la obra. En algunos casos, medidas de mitigacion deben ser ejecutadas directamente por el mandante o encargadas al contratista. El mandante también debe ejercer una fuerza positiva y monitorear el plan de gestión del riesgo del contratista, por ejemplo, ejecutando auditorias de control de calidad periódicas.

Para los interesados en más referencias sobre el tema, recomiendo leer la guía de gestión de riesgos en obras subterráneas, preparada por el grupo de trabajo WG2 de la Asociación Internacional de Túneles (ITA, 2004), así como el Código de Practica para la Gestión del Riesgo en Obras de Construcción de Túneles de la Asociación Internacional de Seguros de Túneles (IMIA, 2006), documento éste que fue traducido al castellano por el grupo de diseño de CTES. Ambos documentos pueden ser encontrados en el sitio web de CTES-Chile.

“Glück Auf”* a todos!

*El término corresponde al histórico saludo de los mineros alemanes, que en traducción libre, significa algo como “Buena Suerte”, expresando la esperanza de que se encuentre mineral en la jornada de trabajo.  Actualmente, también es utilizado como saludo por los “modernos tuneleros” y se ha incorporado al lenguaje cuotidiano de algunas regiones de habla germánica.

Post Author: Fabiola Garcia Sanders