Joseph Ramos, presidente de la Comisión Nacional de Productividad (CNP): “Es destacable que la minería chilena busque mejoras para su productividad observando e imitando inteligentemente las buenas prácticas de las grandes empresas mineras de mayor productividad en el mundo.”

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El deterioro de la Ley del mineral y los efectos  del súper ciclo del cobre son  las principales causas que han mermado la productividad en la industria. Sin embargo y producto de la importancia de la actividad para el país, se han buscado nuevas estrategias para recuperar el paso. Una de ellas: el informe “Productividad de la Gran Minería del Cobre en Chile”, elaborado por la CNP y que su presidente nos comenta en la siguiente entrevista.

 

Alfredo Saavedra L.
Periodista Construcción Minera & Energía

 

Para nadie resulta una sorpresa saber que la industria minera, particularmente la del cobre, ha pasado por momentos difíciles desde hace un tiempo. El súper ciclo terminó y los efectos se han sentido, no solo en el sector sino que en toda la economía nacional. “La razón principal de la disminución en productividad se debe a un deterioro en la ley del mineral, factor ajeno a la gestión”, cuenta a Revista Construcción Minera el presidente de la Comisión Nacional de Productividad (CNP), Joseph Ramos. En cambio, durante el súper ciclo de los precios se privilegió la producción sobre toda otra consideración para aprovechar los elevados márgenes. Muchas de las prácticas adoptadas, por consiguiente, son poco eficientes a los precios actuales, por lo que en los últimos 2 años el sector está abocado a mejorar la productividad en todos los ámbitos. Estrategias manifestadas en un informe mandatado por el Gobierno y desarrollado por la CNP, con la colaboración del Ministerio de Minería, Cochilco, Consejo Minero, Fundación Chile y apoyo de la consultora Matrix. “Es destacable el espíritu de esta iniciativa, en el sentido de que la minería chilena busca mejoras comparándose con las prácticas de las empresas mineras de mayor productividad en Australia, Canadá y Estados Unidos, agrega Ramos.

 

- Si hiciéramos una breve radiografía al sector, ¿cuáles serían las principales causas que explicarían la baja productividad en la minería?

- Si bien algunos estudios encuentran una fuerte caída de la productividad minera desde el 2000 (del orden de 8% al año), es así en gran parte porque no toman en cuenta el deterioro en la ley del mineral, factor que no se debe a la gestión de las mineras. En efecto, hoy tenemos que mover y procesar  40% más material para la misma cantidad de cobre de hace unos años.  Por tanto, si se corrigiera la medición (habitual) de productividad minera por el deterioro de la ley,  por ser este un factor ajeno a la gestión minera (como se hace en el informe de la CNP), la caída de la productividad minera es mucho más moderada, del orden de 1% al año, durante los últimos 15 años. Y tal como explicamos arriba, este deterioro de 1% anual se debe a prácticas productivas adoptadas durante el boom de precios que no son viables a los precios actuales, por lo que la industria está abocada a corregirlas. Además es importante tener en cuenta que este deterioro en productividad, no solo se dio en Chile, sino que también en la mayor parte de los países productores, lo que sugiere una causa común: el boom de precios que alentó o permitió prácticas que no eran eficientes al menos con precios normales. Con todo es una desaceleración preocupante, pues uno esperaría mejoras continuas en productividad en el transcurso del tiempo, no deterioros.

- ¿Cómo esta disminución de productividad en los procesos mineros ha impactado en el desarrollo y construcción de nuevos proyectos?

- Desafortunadamente una de las consecuencias de las bajas en los precios es que se postergaron o dejaron de lado muchos proyectos. En efecto, durante el boom se proyectaban enormes inversiones mineras en Chile así como en los demás países mineros. El precio daba para eso, pero al caer, se fueron postergando o dejando de lado. Ahora, en los últimos meses y producto de una mayor eficiencia, así como que el precio ha vuelto a recuperarse en parte, se están desempolvando algunos proyectos, aunque de aquí a que entren en marcha, falta. No obstante, la fase de construcción sí podría reiniciarse luego. La minería es un sector donde el período de gestación es largo y por eso políticas de largo plazo son muy relevantes.

Informe de Productividad 

Precisamente, el informe final del estudio “Productividad de la Gran Minería del Cobre en Chile”, entrega recomendaciones en ese y otros ámbitos. Mandatado a la CNP por la Presidenta de la República, el trabajo busca revertir el deterioro en productividad que ha vivido la minería del cobre en los últimos 15 años, con miras a que Chile recupere su sitial de liderazgo mundial no solo en producción de cobre sino también en productividad. Desde la Comisión señalan que el estudio, casi único en su género en el mundo, estimó indicadores de productividad tanto de la mano de obra como de los equipos de las principales 12 faenas chilenas, contrastándolas con los mismos indicadores de minas internacionales de mejor práctica. El Informe, aprobado de forma unánime por la CNP, contiene cerca de un centenar de hallazgos relevantes así como  53 recomendaciones que buscan mejorar la productividad del sector.

En el informe se mencionan recomendaciones para una estrategia que ayude al sector a recuperar el liderazgo internacional (en productividad y en términos de reservas) basada en tres pilares: bienes públicos, privados y bienes “club”. En términos generales, ¿en qué consisten los bienes públicos?

Bienes públicos se refiere a políticas públicas y regulatorias que pueden incidir positivamente en la productividad. Por ejemplo, se propone acortar fuertemente el proceso de aprobación y rechazo de grandes proyectos, que es innecesariamente largo y engorroso en Chile. Cuando fuimos a Australia (uno de los mejores ejemplos en buenas prácticas) ellos recién habían terminado un estudio sobre cómo acortar esos tiempos que en su caso, alcanzaban los tres años y los tenía muy insatisfechos. En Chile se acerca a cinco años. Como los estándares Australianos de seguridad, de medio ambiente y de relaciones con las comunidades son tanto o más estrictos que los de Chile, esta diferencia en tiempo es pura ineficiencia institucional nuestra. Una segunda área de mejora en  políticas públicas es la adaptabilidad laboral. Y es que cuando nos comparamos con países como Australia, Canadá o Estados Unidos, estos cuentan con mayor flexibilidad laboral en distintas dimensiones. A modo de ejemplo, si uno quisiera elevar la productividad, debe tener los equipos funcionando lo más cercano a 24 horas al día, lo que significa que el operario, empiece su jornada cuando se monta a la máquina y que al bajar ya hubiera alguien listo para el reemplazo. Es decir,  se propone una adaptabilidad laboral que permita un trabajo con continuidad operacional. El proyecto de ley sobre la reforma laboral que presentó el Ejecutivo y que aprobó el Parlamento contenía la posibilidad de negociar pactos de adaptabilidad laboral que permitían que sindicatos y empresas pudieran negociar turnos, jornadas activas y pasivas, horas extras, polifuncionalidad, etcétera. Sin embargo, cuando el Tribunal Constitucional (TC)  falló que la titularidad sindical era inconstitucional, el Ejecutivo vetó tanto el elemento de titularidad sindical como el de adaptabilidad laboral. Consideramos que eso, en el caso de la minería al menos, es desafortunado y proponemos reponerlo.

Otro bien público: la relación con las comunidades. Estas inciden cada vez más en los proyectos y la experiencia demuestra que mientras antes se integren es mejor. Hay propuestas relacionadas con consultas tempranas, resolución de conflictos y cómo crear mecanismos para asegurar una relación más fluida y participativa.

Un cuarto ámbito de política pública se refiere a la necesidad que esta potencie la exploración. Consideramos que actualmente hay sub exploración en Chile, puesto que si bien tenemos el 28% de las reservas mundiales de cobre y producimos cerca del 32% mundial, efectuamos  solo un 18% del gasto mundial en exploración. Creemos que una de las razones de esta sub inversión en exploración tiene que ver con la actual ley de concesiones mineras tanto para la exploración como para la explotación que permite mantener la concesión sin requerir trabajo efectivo para ello.

¿En qué consistiría una reforma al sistema de concesiones?

En Chile la concesión se obtiene pagando una patente muy módica, pero sin necesidad de trabajarla efectivamente. La política más sensata es que se tenga la concesión mientras sea trabajada de verdad (en inglés se conoce el concepto como “Use it or lose it”). Además acá en Chile la patente cuesta poco, como la quinta parte de lo que se cobra en promedio en países referentes, donde, además, se exige que se trabaje o se pierde. Entonces para las concesiones que ya existen proponemos que las patentes se pongan a precios internacionales, no con fines de recaudar dinero, sino para inducir al trabajo. Y en la medida que se trabaje la concesión se reduciría fuertemente el costo de la patente. Es lo que se denomina un sistema de amparo mixto.

¿Y para las nuevas concesiones?

Para las nuevas concesiones de explotación proponemos que sean por 30 años, renovables ilimitadamente mientras efectivamente se estén trabajando, en forma similar a lo que se hace en Australia, Canadá, Estados Unidos y Perú, líderes mundiales en exploración minera.

¿Qué puntos abordan los bienes públicos respecto de la mano de obra y cómo podrían mejorar también en productividad?

En cuanto al área de capital humano en el sector, hay varias dimensiones. Quisiéramos impulsar la certificación de competencias adquiridas en el trabajo. Hay un sistema, Chile Valora, para hacer esto, pero su uso es escaso o apenas incipiente en la minería. Eso facilitaría la movilidad del trabajador entre faenas y entre empresas. Un segundo punto, es la capacitación. Hay avances por parte de instituciones como Corfo y Consejo Minero en crear una red de liceos técnicos en oficios mineros que se adhieran al marco de cualificaciones que se fijaron para los distintos perfiles (competencias necesarias para distintos niveles, etcétera). Pero hace falta acelerar esto.

Bienes Clubes y mediana minería 

En el informe de la CNP se detallan formas de potenciar un ecosistema que facilite la relación entre los actores, es decir: empresas, proveedores, contratistas, trabajadores, comunidades, universidades, centros de investigación, etcétera. En el documento se menciona la identificación de recomendaciones en seis áreas de acción, las que benefician al conjunto de la industria y que ninguna empresa por separado podría proveerlos.

¿A qué se refieren estos bienes y qué es lo que abordan?

Los bienes clubes se refieren a políticas sectoriales; es decir, a recomendaciones de acción conjunta al sector que típicamente resuelven problemas de coordinación entre los agentes. Un problema a menudo mencionado por las empresas es que antes de introducir nuevos equipos o tecnologías, quieren probarlos en terreno. Sin embargo, esto es costoso si se debe parar la operación. Es un problema común a todas. Entonces, imaginemos que se contara con una mina abandonada donde todos pudieran probar ahí sus innovaciones. Eso es de beneficio para todas las mineras, lo que se llama un bien club, que requiere de una buena coordinación entre las empresas mineras para poder realizar. En el mismo espíritu, en el tema del agua se necesitan cada vez más plantas desaladoras por el agotamiento de fuentes de agua dulce. Sería muy útil para los participantes si existiera la posibilidad de compartir desaladoras así como sus  sistemas de distribución para aprovechar así economías de escala y reducir costos. Se podría replicar lo mismo en el uso compartido de infraestructura como caminos, trenes, redes eléctricas, etcétera.

También hay un tema con las relaciones de las empresas mineras con sus  proveedores. La Asociación de proveedores industriales de la minería (Aprimin) y la Cámara Chilena de la Construcción (CChC), entre otros, han señalado el problema de la falta de homologación de estándares de ingreso a las faenas, las que tienen distintas exigencias de seguridad, condiciones de vehículos livianos y exámenes de salud, entre otros. Hay avances en esta área que habría que profundizar y acelerar, pues acortaría los días perdidos en acreditar personal para ingresar a faena, lo que repercute en mayores costos y menor productividad.

También retomamos la idea de un pasaporte minero. Esto significa que se pueda saber para cada trabajador de manera on line cuál es el estado vigente de sus exámenes de salud, protocolos de seguridad, de sus capacitaciones y certificaciones, etcétera. Esto  facilitaría su movilidad entre faenas y empresas.

En cuanto el desarrollo de proveedores también hay un proyecto que tiene que ver con el desarrollo de un clúster minero y así potenciar el desarrollo de proveedores de clase mundial (hay un programa que ya existe). Chile exporta unos 400 millones de dólares en servicios de minería. Para el 2035 la idea es que se pueda aumentar la cifra a US$4.000 millones, a través de programas de desarrollo de proveedores. Esto porque alguien que pueda proveer la industria minera chilena, sería capaz de proveer en cualquier parte del mundo.

Respecto a la mediana minería, ¿qué rol jugará en los próximos años?

Si bien mucho de lo que consideramos mediana minería en Chile es gran minería en Australia, Canadá o Estados Unidos, se prevé que los próximos desarrollo de proyectos no sean de la magnitud de Escondida o Chuquicamata, sino que de menores volúmenes y por tal razón hay que estar conscientes de los problemas que enfrenta la mediana minería.  Si bien por mandato el informe se debía centrar en la gran minería, quisimos ver algo respecto a la mediana minería. Ahí identificamos muy en especial sus problemas de financiamiento. El mercado de capital local tiene muy pocos instrumentos idóneos para la minería, lo que golpea fuertemente a la mediana minería que tiene que recurrir a financiamiento propio. Se agudiza este problema ya que por ser las minas medianas de menor tamaño, la duración de su explotación tiende a ser más corta. Como las regulaciones de cierre de faenas requieren garantías financieras, 2 o 3 años antes del cierre, ello significa que a los elevados costos de explotación se deba agregar, casi desde su inicio, financiamiento para tales garantías. Esto requiere desarrollar nuevos instrumentos financieros más idóneos para la mediana minería así como mecanismos, como en Australia y Canadá, que faciliten el logro de garantías adecuadas sin necesidad de tener que utilizar sólo capital propio.

Finalmente ¿a qué se refiere cuando hablan de “bienes privados”?

Gran parte de nuestros problemas de productividad se originan en prácticas gestionables por las propias empresas, de su exclusiva responsabilidad. Estos se denominan “bienes privados”. El Informe hace recomendaciones respecto a políticas públicas y regulatorias (“bienes públicos”) así como sectoriales (“bienes club”), pues en esta la autoridad pública tiene un rol gravitante o relevante. Sin embargo, como los “bienes privados” son de competencia exclusiva de las empresas, el Informe se limita a hacer sugerencias en este ámbito, sugerencias nacidas de observar las empresas de mayor productividad internacional. Por ejemplo, hay evidencia que nuestra productividad está siendo negativamente afectada por una elevada rotación de ejecutivos; por excesivos niveles jerárquicos, que elevan los costos, cortan las alas a los niveles inferiores, elevan los costos de coordinación y diluyen responsabilidad; por una cultura de gestión ”controlista” más que de empoderamiento y “accountabilitiy”; por una supervisión demasiado dedicada a tareas administrativas en desmedro de mayor planificación y organización del trabajo; por falta de adherir y cumplir planes; por incentivos vinculados a producción más que a productividad; por falta de una cultura suficientemente meritocrática con movilidad entre niveles, entre otras. Obviamente, incumbe a cada empresa ver si esto se aplica o no a ellos.

Post Author: cmineracdt