El crecimiento sí importa

Álvaro Merino Lacoste Gerente de Estudios de Sonami
Álvaro Merino Lacoste
Gerente de Estudios de Sonami

Inquietud existe entre los distintos sectores productivos del país por el débil crecimiento que muestra la economía nacional. La producción industrial ha caído en julio de manera pronunciada, la construcción presenta un pobre desempeño y lo mismo ocurre con la minería y otros sectores productivos y de servicios.

En este escenario, el Banco Central dio a conocer el Informe de Política Monetaria (IPOM), publicación que entrega cuatro veces en el año, que tiene como objetivo, entre otros aspectos, “proveer información útil para la formulación de las expectativas de los agentes económicos sobre la trayectoria futura de la inflación y del producto”.

Es preocupante la información entregada en el último IPOM, pues de acuerdo a lo expresado por el Presidente del Banco Central, si se cumplen las estimaciones de la autoridad monetaria, para este y el próximo año, se completaran cuatro años consecutivos con crecimiento en torno al 2%.

A este respecto debemos tener presente que mientras más altas y sostenidas sean las tasas de crecimiento del país, mayor será su progreso económico y social. En efecto, en los últimos treinta años 1986-2015, Chile registró una tasa anual de crecimiento  de 5,2% (ver gráfico 1).

Hoy nuestro país es muy distinto al de hace tres décadas atrás. En el periodo 1986-2015, el PIB pasó de US$35.000 millones a US$240.000 millones, medido en moneda de igual valor, es decir, dólares 2015; las exportaciones del país aumentaron de US$8.000 millones a US$62.000 millones; el PIB per cápita se incrementó de US$4.200 a US$23.000; la pobreza disminuyó del 45% de la población a 11,7%, los estudiantes en educación superior pasaron de 207.000 a 1.152.000 y la esperanza de vida se elevó de 70 años en 1986 a 80 años en el 2015. Estos indicadores son una muestra precisa y concreta del impacto del crecimiento alto y sostenido en el desarrollo económico y social alcanzado por el país en los últimos treinta años (ver gráfico 2).

Y en esta verdadera revolución económica que ha vivido el país, la minería ha jugado un rol clave, atrayendo inversiones, impulsando el crecimiento, abriendo un amplio mercado externo y aportando relevantes recursos financieros para que el Estado pueda desarrollar su labor.  En efecto, en 1986 la producción de cobre de Chile llegó a 1.400.000 toneladas, en tanto que en el 2015 alcanzó a 5.800.000 toneladas. Las exportaciones mineras, por su parte, en 1986 registraron US$ 4.400 millones, medido en moneda actual, y el año pasado se elevaron a US$35.000 millones.

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CAÍDA DE LA INVERSIÓN

Sin embargo, entre los antecedentes proporcionados por el IPOM, preocupa el relativo a la inversión, por cuanto en los últimos tres años, en forma consecutiva, va a registrar una contracción, situación inédita en las últimas  tres décadas.

En efecto, en este periodo de treinta años se observa que en 1999 cae la inversión, lo que se atribuye a la crisis asiática, en el 2009 también se contrae, lo que se explica por la crisis financiera internacional sub prime; en tanto, en los años 2014 y 2015, sin crisis externa de por medio, registra crecimiento negativo de 4,2% y 1,5%, respectivamente y el Banco Central proyecta para el  presente año una nueva caída de 1,5% y para el siguiente un modesto incremento de solo 0,7% (ver gráfico 3).

Esta situación sin duda reviste la más alta importancia por cuanto la inversión que realicemos hoy es la base del crecimiento futuro, por ello debemos dar un impulso robusto a esta relevante variable.

Para ello, por cierto, es tarea fundamental “despejar la incertidumbre” y alcanzar amplios acuerdos para enfrentar la actual coyuntura. Como país debemos precisar, en forma nítida y clara, sin ambigüedades, la dirección a seguir para  el desarrollo de Chile, lo cual, generará un mayor grado de confianza respecto del futuro.

En este sentido, es muy relevante poner nuevamente el crecimiento en el centro de las políticas públicas, pues esta es la vía más expedita para derrotar la pobreza y acercarnos al umbral del desarrollo.

Ojalá no tengamos que referirnos al país como en el pasado lo hizo el Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales, Aníbal Pinto,   “Chile, un caso de desarrollo frustrado”.

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Post Author: Fabiola Garcia Sanders