Consumo de tabaco, alcohol y drogas ilícitas: Importancia de la prevención

Seguridad P
Gentileza Codelco

De acuerdo a estudios, el consumo de tabaco, alcohol y drogas ilícitas ha experimentado un alza en algunos sectores productivos, entre ellos, la Minería. Los factores que podrían responder a esta alza, son la ubicación geográfica de faenas, los sistemas de turnos y un mal uso del tiempo de ocio.

El consumo de este tipo de sustancias afecta directamente la salud de los trabajadores y su productividad, ya que inciden negativamente en sus estados de conciencia y en la toma de decisiones.

La prevención es fundamental, puesto que así se pueden anticipar los problemas asociados al consumo. Los planes deben contar con acciones que fortalezcan factores protectores y minimicen los de riesgo.

Alfredo Saavedra L.
Periodista Construcción Minera

La mayor parte de las veces cuando se habla de seguridad se viene a la mente la protección contra la ocurrencia de posibles accidentes laborales. Y es que si bien son uno de los riesgos más comunes durante la ejecución de las actividades propias de cada trabajo, hay un enemigo silencioso que puede estar al acecho en cualquier lugar: el consumo de tabaco, alcohol y drogas ilícitas. Los problemas relacionados con este tipo de consumo pueden surgir como consecuencia de factores personales, familiares, sociales, laborales o de una combinación de estos, implicando un efecto negativo, no solo en la salud de los trabajadores, sino que también los pueden afectar en su desempeño, productividad, seguridad y hasta clima laboral.

De acuerdo a algunas investigaciones realizadas por la Mutual de Seguridad, se ha detectado que la probabilidad de que una persona consuma drogas en general, incluyendo al tabaco como tal, tiene relación con el balance entre los factores protectores y los factores de riesgo, los que a su vez, pueden clasificarse en tres ámbitos que ponen al sujeto en una posición de mayor o menor  vulnerabilidad para enfrentar las presiones hacia el consumo. Por un lado están los aspectos personales, relacionados con rasgos genéticos, características de personalidad, creencias, habilidades sociales e interpersonales, situaciones de vida, etcétera. Por otra parte, los factores familiares se vinculan con las relaciones interpersonales significativas que establecen las personas, siendo la familia el principal agente formador de conductas relacionadas con un estilo de vida particular. Finalmente, el trabajo, tiene que ver con el ambiente que se genera al interior del espacio laboral, así como con las condiciones físicas, materiales y sociales. “Considerando esto podemos identificar, en el sector minero, algunas condiciones laborales que influyen como fuertes factores de riesgo, como podría ser aislamiento social relacionado a la familia, sistema de turnos y condiciones geográficas”, explica la doctora María Angélica Barrientos, Coordinadora Nacional de Centros de Evaluación del Trabajo de la Mutual.

Drogas y sus efectos

Según el sexto estudio sobre “Prevalencia de consumo de alcohol y otras drogas en trabajadores chilenos” (2012), realizado por la Asociación Chilena de Seguridad (ACHS), las cifras del sector Minería se encontraron por sobre el promedio de las otras áreas en consumo de tabaco, alcohol, bebederos problemas y drogas ilícitas. En el primer caso, comparado con el estudio del año 2010, el consumo de tabaco aumentó de un 49 a 53%, mientras que en el caso del alcohol, la mayor prevalencia de consumo se observó en los sectores de Servicios (77,8%) y Minería (75,5%). Y si bien el porcentaje de bebedores problema en general fue de 29,8%, observándose una diferencia leve respecto al año 2010 (30,3%), nuevamente el sector minero destacó por revelar el mayor porcentaje con un 42,3 por ciento.

En cuanto al consumo de drogas ilícitas, el promedio fue de 6,9%, también con la Minería mostrando el segundo mayor porcentaje de consumo con 9 por ciento (para el estudio, se consideraron como drogas lícitas el alcohol, tabaco y medicamentos sicotrópicos, mientras que como ilícitas se incluyeron marihuana, cocaína, pasta base de cocaína, crack, chicota, pegamentos o solventes,  éxtasis y heroína).

“Un trabajador que consume marihuana, va a tener un estado de conciencia alterado por la droga y una percepción alterada del mundo (sicosis exógena), lo que afectará su capacidad de juicio y la toma de decisiones, por lo que es fácil suponer el riesgo que implica tener a alguien así trabajando”, explica Pablo González, médico Jefe Área de Salud Mental del Hospital del Trabajador.

De acuerdo al Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol (SENDA), la marihuana disponible hoy es 10 veces más potente que la usada hace treinta años, pues contiene químicos para aumentar sus efectos. Esta potencia aumentaría, a su vez, los daños del uso regular y agregaría efectos dañinos producto del benceno, kerosene y otros químicos que usan los traficantes para prensarla y contrabandearla mejor. Aun cuando la marihuana se extrae de una planta llamada Cannabis Sativa, contiene más de 400 químicos, entre ellos el llamado THC, un potente alucinógeno que desorganiza el cerebro produciendo alucinaciones.

“La marihuana también provoca un síndrome desmotivacional, que puede mantenerse por bastante tiempo, incluso después de haber dejado el consumo y que significa una pérdida relativa de interés por las cosas, sin que estés en un estado depresivo”, explica González.

En el caso de drogas como la cocaína y pasta base, el principal efecto es la irritabilidad. “Son drogas estimulantes que generan irritabilidad en los momentos de consumo y ante la falta de esta, por lo que la persona que las usa está más proclive a sufrir lesiones o accidentes”, agrega el profesional.

En cuanto al alcohol, dentro de sus efectos inmediatos se encuentra la desinhibición y excitación, así como una dilatación de los vasos sanguíneos e irritación del sistema gastrointestinal. Además, se afecta la frecuencia cardiaca y los centros nerviosos superiores del cerebro se deprimen, afectando primero el habla, el pensamiento, el entendimiento y el juicio. El alcohol merma el equilibrio, la coordinación motora fina, la visión y el audio. También se ven afectados los centros inferiores, alterando la respiración y los reflejos espinales (respuestas involuntarias a nivel de la médula espinal, entre ellas, el movimiento que hace que la extremidad se acerque al cuerpo y se aleje del suelo, los que provocan un aumento de tensión en los músculos exteriores para evitar la caída del cuerpo o la reacción de una extremidad). Incluso, al llegar a la intoxicación alcohólica, puede provocarse un estado de coma y alcanzar la muerte por depresión respiratoria (disminución de la función pulmonar).

El consumo abusivo de alcohol puede transformar a un bebedor ocasional en un bebedor problema con o sin dependencia, donde los primeros pueden presentar síndromes de abstinencia e incluso el más grave, el de abstinencia alcohólica, conocido como “delirium tremens”.

De todas las sustancias mencionadas, el tabaco es el de menor efecto sicotrópico, pero sí puede generar irritabilidad, sobre todo por la propiedad adictiva de la nicotina. “El problema no lo ves con el consumo, lo ves con la abstinencia del tabaco, pero como la disponibilidad de este es tanta y de fácil acceso puedes suplir rápidamente el síndrome”, explica González.

El tabaco perjudica la salud, provocando una serie de afecciones respiratorias (como bronquitis crónica, enfisema pulmonar), cardiovasculares (infartos), úlceras al estómago y distintos tipos de cáncer (al pulmón, bucal, de laringe, etcétera).

Perfil de consumidor

Existe un perfil de consumidor cuyas fases se asemejan a una escalera, donde hay un primer estadio de consumo experimental, en que la persona, “prueba” la sustancia, ya sea por curiosidad o presiones del grupo social. El siguiente escalón viene siendo el consumo ocasional, el que se realiza ante situaciones o condiciones específicas, donde el sujeto accede al consumo. “En la medida en que este consumo se va haciendo más frecuente, llegando a ser diario o al menos 3 veces a la semana, se pasa a una fase ya definida como consumo crónico”, explica Barrientos. La siguiente etapa de esta escalera es la dependencia, en la que al consumo se suma presencia de sintomatología tanto física como sicológica relacionada con la necesidad de mantener y aumentar la ingesta, presentándose el conocido síndrome de abstinencia frente al no consumo. “Según la descripción previa de los perfiles, se puede indicar que el principal efecto del consumo permanente es el desarrollo de un cuadro de dependencia a la sustancia y la entrada al uso de otras sustancias “más fuertes”, sostiene la profesional.

Es importante diferenciar el consumo de la adicción, ya que para el rubro minero resultaría más importante abordar el primer punto. “La empresa debe evitar que alguno de sus trabajadores que ya haya consumido se pase al lado de la adicción. Los programas de prevención están orientados a limitar el acceso, a que no se consuma”, detalla González. Uno de los aspectos que permite determinar que hay una adicción, es el gasto de tiempo utilizado para conseguir droga. “Si notas que una persona dejó el tiempo que tenía para pasar con la familia y lo empezó a gastar en buscar droga, ahí ya ves un factor de riesgo. Ya no es consumidor, es consumidor problema. Te habla que hay un cambio a nivel cerebral”, explica el profesional. La adicción es, de acuerdo a los expertos, una enfermedad por sí sola y requiere tratamiento específico, condiciones especiales y equipos multidisciplinarios.

Consumo y detección en el trabajo

Uno de los temas más complejos de enfrentar es precisamente la detección de la droga dentro de los ambientes de trabajo. Los test deben estar incorporados en los reglamentos de Higiene y Seguridad de las empresas con sus respectivas explicaciones: qué tipos de exámenes se hacen, qué tipos de drogas se identifican, etcétera.

El abordaje de la empresa frente a casos confirmados como positivos a consumo de drogas, dependerá única y exclusivamente de lo contemplado en su programa de prevención. “En general, según la experiencia de la Mutual, las posturas son muy variadas y van desde ser punitivos, planteando que reconocen que el consumo de drogas es un riesgo para la salud y la seguridad laboral y actúan exclusivamente desde una orientación preventiva pero no consideran apoyo hacia el trabajador que se identifica con la problemática. En el otro extremo tenemos aquellas instituciones cuya orientación es más integral, promoviendo actividades preventivas y apoyando a aquellos trabajadores con problemas a través de diversos programas existentes”, cuenta Barrientos.

En términos clínicos, la distinción o diagnóstico de consumo va a depender de la sustancia en sí. “En relación a tabaco y alcohol, la clínica nos da herramientas en cuanto a comportamiento principalmente. En cuanto a drogas ilícitas como cocaína y marihuana, no existen manifestaciones clínicas específicas que permitan indicar que un sujeto esté bajo los efectos de ellas y, considerando las repercusiones sociales y legales de este tema específico, sumado a la ausencia de culpabilidad presunta, se debe ser especialmente cuidadoso”, agrega la profesional.

Desde la perspectiva de diagnóstico, se pueden realizar exámenes de detección de consumo de drogas, lo que permite identificar consumo puntual. Estos pueden ser monosustancia, que identifican un tipo de elemento, como por ejemplo el alcohotest o polisustancias, como las cintas de detección, exámenes de sangre, orina y pelo. “Son técnicas de fácil aplicación y no invasivas”, explica la doctora.

La frecuencia de aplicación de estos exámenes depende directamente del Programa de Control de consumo que haya definido la empresa, siendo lo más frecuente, la evaluación de entre un 15 y 20% de los trabajadores en forma mensual. “Es importante mencionar que generalmente las empresas mineras mantienen ley seca durante las faenas y política de tolerancia cero de consumo, por lo que no hay doble estándar en eso”, añade González. Y es que el Reglamento de Seguridad Minero, Decreto Supremo Nº132, en su artículo 43, es claro en prohibir la conducción de vehículos o la operación de equipos pesados automotores por personas que se encuentren bajo la influencia del alcohol y/o drogas, o que se determine que son consumidores habituales de estas sustancias. Incluso, indica que toda persona que por prescripción médica, esté sometida a tratamiento con sustancias sicotrópicas o cualquier medicamento que a juicio de un facultativo, altere significativamente sus condiciones sicomotoras, deberá ser relevado de sus funciones de conductor u operador, en tanto perdure el tratamiento.

Importancia de la prevención

Para abordar este problema, lo más recomendado por los expertos es la prevención, ya que así se pueden anticipar los problemas asociados al consumo ya repasados anteriormente. Estos planes deben contar con acciones que fortalezcan los factores protectores y minimicen los de riesgo, estimulen las capacidades o herramientas tanto personales (como el desarrollo de habilidades para la toma de decisiones responsables) como del contexto y gestionen los riesgos a los que se puedan ver expuestos, promocionando en los individuos capacidades de resolución de los conflictos, que les permitan enfrentar y abordar en forma sana y creativa los problemas.

De acuerdo al SENDA, el consumo de alcohol y otras drogas en los espacios laborales (no solo del ámbito minero),  genera múltiples problemas que afectan no solo al trabajador y su familia, sino también a la empresa y la sociedad tales como un aumento en el número de accidentes del trabajo y en los niveles de ausentismo y retrasos, así como una conducta arriesgada o inadecuada producida por la falsa seguridad que provocan los estimulantes. A eso se suma un deterioro de las relaciones interpersonales, conflictos, cambios del estado de ánimo, discusiones frecuentes, baja en la productividad (disminución y/o deterioro del rendimiento laboral, así como de la calidad de los servicios y/o productos) y fallas o errores por decisiones impulsivas, por alteración de las destrezas sicomotoras o decisiones estratégicas inadecuadas.

“Se ha demostrado que el método preventivo que más frutos produce es la educación, capacitar a las personas, entregar las herramientas necesarias para que cada uno pueda, llegado el momento, tomar la mejor decisión frente a las presiones o la oferta de consumo”, sostiene Barrientos.

Una de las empresas que se preocupa por incentivar la prevención es Anglo American, que cuenta con un programa de capacitación y sensibilización sobre adicciones, iniciado desde la inducción de los nuevos trabajadores que se integran a la compañía y luego periódicamente a través de charlas, difusión de material informativo y asesorías de especialistas, entre otros. “La empresa reconoce que la dependencia del alcohol y/o de las drogas es un estado tratable. Se alienta a los trabajadores propios que sospechen padecer adicción al alcohol o drogas a buscar consejo y a seguir prontamente tratamiento, en asesoría que presta la propia compañía”, explica Roberto Cisternas, gerente corporativo de Seguridad y Salud Ocupacional. Según cuenta, los trabajadores con problemas deben acercarse a las unidades de salud ocupacional, donde son orientados por un médico especialista. “La compañía mantiene el puesto al trabajador mientras permanezca en terapia y una vez dado de alta se reincorpora con un programa de seguimiento de tres años de duración. Todo el proceso se mantiene bajo la más estricta confidencialidad y los costos del tratamiento no cubiertos por el sistema de salud del empleado ni por el seguro complementario (costo final del trabajador), son financiados en su totalidad por Anglo American. Adicionalmente, entregamos a nuestros empleados beneficios de apoyo y consejería a través de una red de sicólogos sin costo para ellos, el que también se hace extensivo a su grupo familiar directo”, detalla Cisternas, aclarando eso sí, que en el caso que un trabajador sea sorprendido violando las disposiciones de la Política de Alcohol y Drogas de la compañía –esto es, que se le encuentren estas sustancias en dependencias de la empresa, o que sea detectado su uso mediante controles aleatorios o por sospecha fundada–, y si el trabajador no se ha auto identificado oportunamente, la compañía podrá tomar las acciones disciplinarias que correspondan, las que podrán llegar a la terminación del contrato de trabajo.

Así, las recomendaciones de los expertos incentivan la idea de seguir formando una cultura preventiva que sea capaz de brindar el apoyo necesario a los trabajadores que puedan verse enfrentados a estos verdaderos “enemigos” que se encuentren al acecho, pero que con la colaboración y apoyo de todos los actores, bien pueden mantenerse a raya.

 Leyes de prevención en lo laboral

Existen normas generales enfocadas a la promoción de medidas de higiene, seguridad y salud en el trabajo que son aplicables para los sectores empresariales, como por ejemplo la Ley N°16.744, sobre accidentes del trabajo y enfermedades profesionales. En su Decreto 40, articulo 19, indica que el reglamento interno de higiene y seguridad establecerá que no se permitirá introducir bebidas alcohólicas ni trabajar en estado de embriagues. El Código del Trabajo, en tanto, en su artículo 184 inciso 29, establece que el empleador está obligado a tomar las medidas necesarias para proteger eficazmente la vida y salud de sus trabajadores.

Por su parte, la Ley de Drogas 20.000 establece normas respecto a la prevención del consumo de drogas en la administración pública, donde fija un procedimiento de control, aplicable a subsecretarios, jefes superiores de servicio, directivos superiores de órganos del Estado, hasta el grado de jefe de división o su equivalente, conforme a  lo establecido en la Ley Nº 18.575.

Post Author: Fabiola Garcia Sanders